Prólogo de La conspiración de Yuste
Valladolid, 18 de septiembre de 1558 L a habitación apestaba; era un olor que apenas se disimulaba entre el desagradable humo que procedía de las velas de sebo y el de un lento fuego. Sobre éste, unas tenacillas ardían al rojo vivo. Sus puntas podían destrozar todo lo que se les pusiera de por [...]
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