De cómo empezó todo…
La pregunta del millón. ¿Y cómo narices me metí yo en esta historia?
Bueeeeenooo…
Vamos a resumir las cosas: Internet, José Miguel Romaña y un relato escrito allá por el año 2001 son los protagonistas de esta historia.
Hará cosa de ocho años, aproximadamente, me dio por escribir en serio. Anteriormente, aún recuerdo mis pinitos en el arte del absurdo, que algún día recuperaré, con una historia de un arqueólogo por tierras jornadas que me supuso un absoluto fracaso en un certamen literario en el Instituto Miguel Servet, allá por el año 1992, cuando hacía COU. Eso sí, lo que me reí fue poco…
Hace ocho años me enteré de que en mi pueblo, Valverde de la Vera, decidieron organizar un certamen literario en dos modalidades: local y general. Y ahí me presenté yo en la primera, para no querer abusar, con una relato corto basado en un personaje, el Tío Matías, con el que algún día me daré un homenaje en forma de cuentos ya escritos, que se acaba colgando. ¡Me dieron 90 euros de premio y un diploma!
Aquello hizo que me tomara la cosa más en serio.
Más en serio significó participar al año siguiente en el mismo certamen, e idéntica modalidad, que ya me curre algo más. Y la figura no podía ser alguien que por aquellas tierras es todo un personaje: ni más ni menos que el gran emperador Carlos V. Por eso, me dediqué a buscar documentación, leer libros… Y de todo esto salió Epílogo Imperial, un relato de ocho páginas que contaba el último viaje del emperador desde Flesinga hasta Yuste, junto a un soldado imperial que se encargaba de relatar la historia: Bertrand de Brugge. Ya vamos cuadrando piezas, ¿no?.
Mis aventuras literarias alcanzaron el cúlmen al año siguiente, cuando gané el primer premio del certamen Princesa Jariza de Jaraíz de la Vera. 1.200 euros por un relato de 35 páginas (una odisea para mí, entonces), basado en las andanzas de un profesor de instituto que viaja a Jerez de los Caballeros (Badajoz), para pasar la semana santa y se ve envuelto en una serie de asesinatos perpetrada por una oscura y siniestra cofradía relacionada con los templarios. Con aquel dinero renové mi ordenador y dio, también, para alguna que otra comilona.
Y surgieron proyectos, con los años de facultad, que no llegaron a ningún puerto; presentación de otros relatos a algunos concursos, ya sin éxito… Y la desidia. Empezaba proyectos pero los dejaba a la mitad a falta de esperanzas.
Hasta que hace cosa de tres años, decidí colgar un relato en una web, yoescribo.com. Cuando vi que ocho personas se lo habían descargado me dio un alegrón de tres pares de narices. Algunas semanas después, encontré en una de mis cuentas de correo que utilizó para trapicheos varios en Internet un aviso: era un agente literario. Como creóa que era una coña, le contesté desde esa misma cuenta y la cosa resultó ser seria.
Se llamaba José Miguel Romaña, estaba dando sus primeros casos en este mundillo, tras ser editor y periodista, amén de escritor con un montón de libros a sus espaldas. La cosa es que vino a Madrid en septiembre de 2006 para conocer a otros autores y me citó. Una cita que duró… cinco minutos. Tras dejarle, pensé que ni le había convencido, ni que tenía futuro en este mundillo.
Pero lo tuve. De los cuatro proyectos que le presenté se decantó por el de Carlos V, que comencé a desarrollar a la par que estrenaba vida en pecado con mi novia Chusa. Y eso, lógicamente, me quitaba el poco tiempo que me queda durante el día, descontado ya el día entero que le dedico a mi trabajo en ese referente del canal de distribución español de informática llamado PVD. Por eso, le mandé los dos primeros capítulos de ese proyecto que se vino a llamar, cómo no, Epílogo Imperial a José Miguel. Y le gustaron.
Y seguí. Investigue, contacté, leí libros, visité los lugares y escenarios en los que se desarrollaba la novela… José Miguel, mientras, se crecía. Las propuestas editoriales ganaban en importancia, cuando yo no aspiraba a más que publicarla. Surgió La Esfera de los Libros, y tras ella, Berenice Galaz, mi editora, que conforme me va conociendo aún debe pensar que estoy más zumbao que las maracas de Machín. Su entusiasmo por la historia fue clave para que llegara a buen puerto.
A puerto llegamos el 26 de abril de 2008, fecha en la que firmamos contrato con la editorial José Miguel y yo. Epílogo Imperial, por razones editoriales, se transformó en La Conspiración de Yuste, y verá la luz el 9 del próximo mes de septiembre.
Pero, para mí, siempre será Epílogo Imperial.
Por cierto, el día 20 de septiembre tenemos boda de unos amigos. A eso de las dos de la mañana, hora en la que falleció el emperador Carlos V en Yuste hace 450 años, saldré a la calle con una cerveza en la mano, miraré a las estrellas, le pegaré un buen trago y brindaré a la salud de su majestad. Como él se merece.