Los lugares de la novela: Garganta la Olla

Garganta la Olla. El refugio desde el que Rodrigo Cifuentes y Martín Sanjuán se lanzarán a por el emperador Carlos V, sin saber que, en sus calles, la sombra del peligro se cierne sobre ellos. Un peligro con nombre y apellidos: fray Bernardo de Guzmán.
Garganta la Olla se encuentra situada en la falda de la Sierra de Tormantos. Tierra de leyendas y de mitos, forjada por un enclave de difícil acceso, altivas y agrestes montañas y tormentosos torrentes y gargantas. De su historia poco más que decir de lo dicho ya en La Conspiración de Yuste. Sin embargo, merece un recorrido a través de sus calles; recorrerla con parsimonia es todo un deleite.
La Calle del Chorrillo vertebra Garganta. En su plácido recorrido, al abrigo del sol que, tímidamente, se deja caer por entre los voladizos de los tejados, el lector se encontrará de bruces con la Casa de Muñecas, el que fuera lupanar de los soldados de Carlos V, y al que acudía con frecuencia, acompañado de otros compañeros, el extremeño Dávila.

Ya en la Calle Llana, tras dejar atrás lo que es actualmente la Plaza de Garganta, el lector se internará en esta calle, que le conducirá hasta el Puente de la Piornala, la salida natural en el siglo XVI hasta Quacos y el Monasterio de Yuste. A mitad de camino, tal y como le indicará un cartel, tendrá ante sus ojos la casa de Luisa de Carvajal, la famosa, según la leyenda, “Serrana de La Vera“. Una típica casa verata, con sus voladizos y balconadas. Incluso, si el lector agudiza el oido al mirar su balcón superior, quizá aún pueda escucharla cantar su pena por un amor no correspondido…

El final del camino conduce hacia el Puente de la Piornala, por donde resuenan las aguas tempestuosas de la garganta que discurre bajo el mismo. Pero hace siglos también resonaban en este mismo paraje los cascos de los caballos; caballos que subían y bajaban desde el cercano Monasterio de Yuste (a escasamente cinco kilómetros o, si el lector lo prefiere, poco más de una legua de distancia). ¡Cuántas veces cruzaría este puente Bertrand de Brugge para ver a la que consideraba su amada, Luisa de Carvajal, así como Ángel Dávila, aunque éste más deseoso de atrapar con sus brazos a cualquiera de las muchachas de la Casa de Muñecas!
