Los lugares de la novela: Quacos

Quacos. Ese era el nombre que Cuacos de Yuste, en la actualidad, recibía en el siglo XVI. Una pequeña villa a escasa distancia (algo más de un cuarto de legua de la época, esto es, un kilómetro y medio) del Monasterio de Yuste, y cuyo nombre ha quedado ya unido para siempre al del cenobio jerónimo, así como al del emperador Carlos V.

Gran parte del trazado urbano original de Quacos sigue en pie, aunque el nombre de sus calles haya variado. Muchas de ellas reciben ahora denominaciones relacionadas con los personajes que, en aquella época, hicieran inmortal esta zona.  

Así, Luís Méndez de Quijada, Magdalena Ulloa, Juan de Austria y su apelativo cariñoso Jeromín o, cómo no, Carlos V, presiden sus calles frente a las antiguas denominaciones de las mismas, que fueron recogidas en la novela gracias a la portensosa ayuda del historiador Eulogio López Moreno.

La Plaza Vieja, en la actualidad plaza de Juan de Austria, está partida en dos por el enorme risco de piedra que la preside. En su parte alta, destaca la casa que Luís Méndez de Quijada adquirió para residencia propia y de su mujer Magdalena Ulloa, quien acudió a Quacos junto al niño que cuidaba desde hacía unos años, Jeromín.

 

 El risco domina ambas partes de la plaza, partiéndolas en dos con su imponente mole granítica.
 

 Bajando desde la Plaza Vieja, a través del Corralejo de las Casas Viejas, llegamos a la Plaza de la Fuente de los Chorros. Frente a ella, la casa en la que se alojó Bertrand de Brugge en Quacos. A escasa distancia, se puede contemplar la torre de la Iglesia de la Asunción.

 

 Una villa cargada de historia y de historias. Una villa unida, para siempre, a la vida y muerte del emperador Carlos V. Ásí es Quacos, la actual Cuacos de Yuste.

 

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