Los lugares de la novela: Valladolid (1)

Valladolid. Capital del Reino de Castilla. Corazón del imperio de Carlos V, un monarca que en su primer viaje a España apenas sabía hablar castellano, y que acabó retirándose a morir en ella, como su segunda madre, en la tierra de su madre, la reina Juana.

Hacia 1558, Valladolid era una ciudad pujante; su economía florecía al amparo de la corte en ella establecida, así como gracias a los comerciantes que pasaban por la misma, cuando no encontraban acomodo en esta ciudad gracias a la cercanía de villas feriantes como Medina del Campo. Pero Valladolid conocería en 1558 el surgimiento de una pesadilla que amargaría los últimos meses de vida de Carlos V: el luteranismo. Rodrigo Cifuentes fue uno de sus cabecillas. Desde Valladolid se fue tejiendo, a través del resto de Castilla, los lazos de unión de una comunidad luterana que aspiraba a ser grande. Sus calles y ciudades conocieron historias, lugares e historias de personajes como Agustín de Cazalla, el Doctor Cazalla, el platero Juan García o el propio Rodrigo Cifuentes.

De las antiguas Tenerías de la ciudad apenas queda su recuerdo, en forma de plaza, y la imaginación del lector al ver el recordo del Pisuerga en la zona y de cómo debían establecerse los distintos talleres de curtidores en las riberas de dicho río.

 Asimismo, de la entrada por la Puerta del Campo, que daba acceso tanto a la calle del Campo como a la de Santiago (de las que sólo queda la segunda) no queda rastro, pero sí un precioso paseo que conduce hasta la Plaza Mayor de Valladolid, reconstruida tras el incendio ocurrido en 1561. Aún así, no cuesta nada imaginarse los dos autos de fe que tuvieron lugar en ella dos años antes, en 1559, en los que se cumplió la última voluntad de Carlos V de castigar a todos los herejes.

 Aún así, todavía se pueden recordar lugares, como el convento de la acera de San Francisco, donde, según las crónicas, se situaba el balcón del ayuntamiento y desde el que contemplaron la corrida de toros el oidor Julio Sanjuán y Rodrigo Cifuentes.


 

La calle Teresa Gil, la Corredera de San Pablo, la Constanilla, la calle de San Julián a San Miguel, donde vivía el Doctor Cazalla y que, tras diversos avatares, hoy por fin se llama Calle del Doctor Cazalla, son sólo algunos de los lugares que el lector puede pasear y disfrutar evocando la lectura de esta novela. Una ciudad que sigue escondiendo secretos aún por desvelar y que, seguramente, el lector se encargará de hacerlo poco a poco, como trataremos de hacerle ver paso a paso a través de esta página.

 

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