La sangre de tu tristeza

Alguno recordará el título de esta canción. Formaba parte del disco Camino Soria, de Gabinete Caligary, un éxito de ventas, de crítica y de público. Un disco redondo el que les salió a Ferny, Edy y Jaime, los tres integrantes de uno de los grupos por antonomasia de los 80.

Más allá de la música, que puede gustar o no, y de los miembros del grupo y del grupo en sí, que pudieran caer mejor o peor, queda la letra. Una inmensa letra, todo hay que decirlo. ¿Alguien se ha preguntado alguna vez cómo es la sangre de tu tristeza?

La voz de Jaime Urrutia sonaba clara y fuerte. La sangre de tu tristeza podía ser tantas y tantas cosas. Acompañarte cuando te sentías solo, triste y ‘abandonao’ cual perrito fiel, deseoso de sacarte del olvido, esa oscura tela que devora por doquier y que te atrapa, si te dejas, sin previo aviso; era esa novia traviesa que, con el beso en la boca, se esfumaba como por arte de magia para dejarte con dos palmos en las narices, añorando el aroma de alguien a tu ‘lao’; era una manera de enamorarse, sencilla, simple, para dejar de ser un ‘desgraciao’…

La sangre de tu tristeza era, y es, tantas cosas como cada uno quiera. Cada uno tiene su sangre de la tristeza. Más o menos adentro. ¿Todos? Sólo hace falta abrir cualquier periódico o escuchar la radio y ver la televisión en las últimas semanas para comprobar que existen muchas, quizás demasiadas tristezas sin sangre. Tristezas impersonales, tibias, tristezas que ni fú ni fá. Tristezas que lo han tenido todo y que, ahora, en la desgracia, no tienen ni siquiera el perrito fiel que les devuelva a lo alto del cartel. La sangre ha dejado de correr por sus vacías venas, artificiales, más falsas que un billete de doce euros. No hay tristeza que les ampare porque nunca la han tenido. La sangre de tu tristeza queda reservada para los de verdad: para el que sueña con un sueño irrealizable o impensable, pero que vive todos los días con la ilusión de cumplirlo; para el que se siente sólo y desgraciado, pero, en el fondo, añora la presencia que le devolverá, aunque sea por un momento, la alegría de volver a ser lo que siempre fue. 

La sangre de tu tristeza es tan pura que sólo está reservada para los de verdad. Los demás no tienen sangre en la tristeza. Tienen lo que se merecen.

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