Negros nubarrones
Son los que vuelan sobre nuestras cabezas. Las trincheras vociferan sedientas de sangre. Los unos y los otros. Tirios y troyanos. Esgrimen argumentos que lanzan como armas de destrucción masiva sobre el contrario con la intención de hacer daño. Y cuanto más, mejor. En medio, las masas.
Largas décadas de odio encubierto, de iras contenidas. Salen, afloran. ¿Qué quieren con tanto ahínco? ¿Acaso no hemos aprendido del pasado? ¿El pasado? ¿A quién le importa eso? Enseñar los dientes. Eso es lo que importa. Que te los vean. Que se te vean bien. El argumento es lo de menos. De cualquier cosa, sea justa o injusta, se hace una montaña.
Las masas, decía. Instrumento útil para intereses útiles. Cuando no lo son, dejan de serlo. Como siempre ha sido. Y pierden, siempre pierden. Los unos y los otros, no. Ellos ganan. Siempre. ¿Acaso alguno aún no lo ha entendido?
Pues parece que no…
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