Sobre las clases de historia de Belén Esteban

Que Belén Esteban, esté o no preparada de antemano su estelar actuación, aparezca en directo en un programa de televisión y demuestre, repito, preparada o no la gansada, una manifiesta incultura elemental, es grave.
Que una televisión, aunque sea privada, pues se juega su dinero, lo permita, es de deplorable.

Que los miembros del programa en el que la susodicha soltó la cantidad de sartadas que sólo su intelecto es capaz de imaginar, rían con grandes risotas cada uno de sus disparates, es deprimente.
Que el citado programa de televisión se mantenga en antena, seguramente sin más razón que su audiencia y los millonarios ingresos que ésta le reporta en forma de publicidad, es síntoma de que algo no funciona en este país.

¿Será que los directivos de la cadena que emite el programa viven en una edad que no se corresponde con la nuestra? ¿Será que los que no compartimos este tipo de televisión aún no vivimos en esa edad que está por venir, según Belén Esteban?

En todo caso, símplemente me he limitado a responder como harían Platón y Aristóteles, siempre según la Esteban, claro está: diciendo lo que pienso con mi pluma. Y aún me muerdo la lengua.

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