Experiencias, aventuras y demás paseos por el mundo

Sí. Yo estuve en la Final de la Copa del Rey que jugó el Atlético de Madrid, mi Atleti, en Barcelona el pasado miércoles. Y, como yo, otros 50.000. Familias enteras, generaciones que no se han visto en otra como esta desde hace años. Ilusiones, muchas ilusiones. Padres explicándoles a sus hijos lo que supone el viaje, por duro y cansado que sea, mientras ven en sus ojos la misma ilusión, el mismo orgullo que sintieron ellos cuando eran su padre o su abuelo el que repetía esas palabras.

Porque la final, lo que es en sí el partido, muchas veces queda en un plano secundario. Y más si es el caso de esta temporada, con un título ya en el bolsillo. Lo principal, lo importante, es disfrutarla. Disfrutar con cada momento del día, instantáneas que quedan inmortalizadas para siempre en miles de cámaras de foto; imágenes que plasman una realidad imposible de describir, pero que, más allá de las cámaras habidas y por haber, quedan guardadas en el disco duro de tu corazón y con copias de seguridad en tu cerebro y en tu alma. Y todas ellas son más importantes que cualesquiera fotos y vídeo. Esa cerveza que compartes con el desconocido que nunca más verás, pero que en ese momento es tu camarada; ese grito al unísono con otros miles que, como tú, se dejan la garganta para lanzar un sentimiento al cielo de Barcerlona; esos balcones engalanados, atestados de gente sorprendida, los unos, participativos, los más; vivencias que sientes en el momento y que no puedes explicar. ¿Acaso la razón puede explicar lo que el corazón narra atropelladamente?

Decía una de las múltiples campañas de publicidad del Atlético de Madrid, mi Atleti, que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Y tanto. ¿Acaso entiende la razón que, tras perder tu equipo, 50.000 personas se queden animando a sus jugadores, alentádoles, dejándose lo poco que les queda de garganta, sólo para expresar ese sentimiento que la razón no puede entender? Veinte minutos que resumen una filosofía, un estilo de vida y una forma de ser irrepetible.

- Papá, ¿por qué somos del Atleti?

- Por todo esto, hijo, por todo esto somos del Atleti.

Pasen diez, quince o veinte años, pasen los años que pasen, habrá de nuevo jornadas como la vivida el miércoles. Todas distintas, irrepetibles. Jornadas que darán derecho a soñar, a sentirse orgulloso de lo que uno es y de lo que siente. Días que te permitirán olvidar, por unas horas, esta asquerosa sociedad plagada de estafadores, chorizos, payasos y demás políticos de la peor calaña; de paro, miedos, inseguridades e insatisfacciones; de lo que nos queda por pasar es lo peor y que Dios nos coja confesados, porque las vamos a pasar putas.

Orgulloso de ser ATLÉTICO.

¡Ah! Por cierto, el Atlético de Madrid, mi Atleti, perdió 0-2 la final de la Copa del Rey contra el Sevilla F.C.

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