Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas

Buenas noches, hijo.

Sí, ya sé que esta noche te apetecía más que terminara el cuento de anoche. Pero creo que los tres cerditos pueden esperar. Además, es un cuento imperecedero y siempre te lo podré leer todas las noches. pues te resultará igual de bonito, pase el tiempo que pase. Ya, ya lo sé, me estoy poniendo pesado con los otros cuentos que, de vez en cuando, te explico. Pero lo hago por tu bien, para que, poco a poco, vayas sabiendo en qué mundo vives y qué gente te rodea. Y, como te dije hace dos noches, con el tiempo me lo agradecerás.

Ya sabes que papá no trabaja. Mamá sí, gracias a Dios, pues hasta que a Papá no le empiecen a pagar el paro hay que pagar muchas cosas y los bancos no te regalan la hipoteca, por poner un ejemplo. Y esta mañana se ha encontrado con muchos problemas para ir a trabajar. Mamá tarda bastante en llegar a su trabajo, pero esta mañana unos señores han decidido que ella y otros muchos más entraran más tarde a trabajar, si es que conseguían hacerlo. Esos señores, en todo su derecho, reclaman que no les pueden bajar el sueldo que ganan y, para ello, han decidido protestar. Y como son los que conducen los trenes en los que mamá y otros muchos como ella viajan para ir a trabajar, esta mañana han dicho que no los conducían y que cada cual se buscara la vida.

Como te he dicho, todo el mundo tiene derecho a protestar cuando le bajan el suelo. Papá lo hizo hace un año, cuando le bajaron mucho más el sueldo que a esos señores que conducen los trenes, pero le dijeron que, o aceptaba, o a la calle. A ellos no les van a echar, por ahora. Pero como son los que conducen los trenes, han decidido dejar de conducirlos como protesta. Así, dicen, quieren impresionar a los que les quieren bajar el sueldo, para que vean que tienen el poder y que pueden hacer lo que les dé la gana.  Para asegurar que la gente como mamá fuera a trabajar, tenían que haber conducido algunos trenes. Los que les quieren bajar el sueldo les obligaban a sacar la mitad de los que funcionan todos los días, pero ellos dicen que no, que son muchos,  y que, ya cabreados, no sacan ninguno. Y hasta que ellos quieran la cosa seguirá así.

El problema es que los que conducen los trenes son muchos, pues aparte de los que los conducen están los que venden los billetes, los que limpian los vagones, etc. Mucha gente, como verás. Y esa gente necesita alguien que les represente ante los que quieren bajarles el sueldo. Y ahí está el problema. Esa gentre, hijo, son personas que pertenecen a unas asociaciones llamadas sindicatos. Hace muchos pero que muchos años, cuando la gente moría trabajando, unos señores pensantes decidieron organizarse para mejorar la vida de los trabajadores. Y ganaron poder, y también mejoraron, y mucho, la vida de los que trabajan. Luego, hubo momentos en los que esos señores sufrieron persecuciones por parte de los que mandaban, como ese señor bajito con bigote que se llamaba Franco, que los traía por la calle de la amargura. Y muchos siguieron luchando, cada cual a su manera: unos desde la cárcel, otros desde el exilio, fuera de España, otros desde la clandestinidad. ¿Te acuerdas de ese señor mayor que te presentó el tío de Guadalajara? Sí, ese señor de pelo blanco con jersey de cuello vuelto. Marcelino se llamaba. Pues este hombre luchó mucho para que los trabajadores tuvieran condiciones dignas y pudieran decidir por sí solos lo que concernía a su trabajo, porque el señor bajito con bigote no les dejaba pasar ni una.

Pero, con el tiempo, esos señores ganaron más y más poder, sobre todo cuando llegó la democracia a este país. Y dominaron a los trabajadores, que era lo que querían. Y acabaron llevándose bien con los que más mandan que, encima, les pagan un dinero al año para mantenerlos. Y se meten en las empresas con personas para dirigir a los trabajadores, controlarlos o moverlos a su antojo. Esas personas, lo que son las cosas, son las que mejor viven de todos los trabajadores, porque tienen horas libres que no tienen que explicar, beneficios, etc. y todo ello supervisado por el sindicato. Y, encima, ni les pueden echar, porque son del sindicato. Luego, cuando el sindicato no está contento con la marcha de las cosas, o cuando quiere protestar por algo, les pide a estos señores que azuzen a los trabajadores, que les pongan en contra de la empresa o que se declaren en huelga. Así, pueden seguirle sacando dinero a los que más mandan, y mucho, mientras hacen y deshacen a su antojo en las empresas.

Sí, hijo. Ya sé que papá dice que cada vez hay más gente que les hace poco o ningún caso. Pero por eso he decidido contarte este cuento: para que veas lo que te rodea y para que entiendas porqué mamá se ha tenido que venir andando desde su trabajo hasta el tren esta tarde, mientras uno de esos que se llama sindicalista amenazaba a un compañero de trabajo con represalias por querer volver a trabajar, sujetándole del cuello y a punto de pegarle. Algunos de esos son los que defienden a los trabajadores.

Hazme caso, hijo, nunca te fíes de ellos. De ninguno.

Un comentario to “Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas”

  1. Estupendo cuento, monstruo. Como ya te he comentado en alguna ocasión, lo que más me lleva los demonios es que esta panda de sinverguenzas, esos jugadores de Risk politico que siempre tiran con polvora del rey sin mojarse lo más mínimo, se hagan los dignos erigiéndose en sucesores y herederos de aquellos que desde hace más de 100 años han sufrido persecución, cárcel y duras represalias, de aquellos que pagaron con su sangre el que los trabajadores de hoy en día puedan conseguir unas condiciones más dignas de trabajo. Se me revuelven las tripas, te lo juro.

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