El Tipical Spanish
O, para los que frecuentamos el garito cuando el cuerpo y el tiempo nos lo permiten, y hago uso de la definición porque a mi me da la gana, EL TEMPLO. Así, con mayúsculas, para resaltar su grandiosidad y magnificencia.
De entrada, la grandiosidad queda para otros recintos con mayor énfasis arquitectónico. No es el Madison, Dios me libre, pero en poco más de sesenta metros cuadrados, a lo sumo, que tendrá el garito se arraciman más de 200 almas ávidas de la música cañí por excelencia, como poco; desviados de la causa que rehuyen de lo comercial y que claman por lo auténtico, por las raíces propias de esta desvalida Piel de Toro que tanto une como separa; rostros cariacontecidos al entrar en su interior y encontrarse de bruces con una irrealidad real, desconocida, poco dada al efectismo pero sí a la efectividad. Señoras y señores, la música española de toda la vida, esa de la que renegamos al entrar en la veintena, los menos avezados, y al rebasar la quincena, los más atrevidos, para abrazar corrientes nada autóctonas, experimentales o vaya Dios a saber, que de todo pulula por los universos musicales.
Y es que eso es el Tipical Spanish: un viaje en el tiempo con permiso para experimentar las más brutales y olvidadas sensaciones musicales, con curvas imposibles, aceleraciones de vértigo y un final de viaje demoledor. Da igual que Cogeigen decida cortar el aire acondicionado y sumir a las masas en un infierno de calor y humanidad; da lo mismo la inicial incredulidad ante un tema desconocido, pues, aunque no se sepa quién tuvo las santas narices de perpetrar tamaña osadía musical, la concurrencia la jaela y comparte como si de un megahit se tratase. Que, haberlos, haylos. De otras épocas, lejanas, añoradas, recordadas, pero haylos.
Este es, en definitiva, el encuentro con lo auténtico. Alguno dirá que es el mayor antro de caspa habido y por haber, con permiso de la sala El Cangrejo de Barcelona, que describiré en posteriores entregas. Seguramente, pero estos viajes siderales por el pasado y por la autencidad musical bien valen una sesión en la que tienen cabida, atención, agárrense los machos: Raphael, Los Tres Suramericanos, Olé Olé y Vicky Larraz, Raffaella Carrá, el Miguél Bosé del Paleolítico inferior, Francisco (¡Sí, existe!), Bertín Osborne, Las Hermanas Goggi (demoledor su ‘Bailando’ en pleno éxtasis colectivo), Camilo Sexto (¡Qué decir de ese ’Vivir así es morir de amor, que las voces, ya desgarradas, claman al cielo como un himno), Lolita Sevilla… Tantos y tantos temas, tantas y tantas experiencias que, abruptamente, concluyen con una agradecida y emocionada Lina Morgan conminando a la atronadora concurrencia a abandonar la sala, no sin antes darles las gracias por su asistencia y participación en tal demostración de sonido cañí. Sonido auténtico donde los haya. Lo juro.
Parafraseando a Roy Batty, el replicante Nexus 6 que Rutger Hauer borda en Blade Runner, “yo he visto cosas que vosotros no creeríais”. Desde luego, no he visto atacar naves en llamas más allá de Orión, pero una visita al Tipical Spanish puede dar para más, pero para mucho más. Dónde va a parar…

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