Recordatorios
Ahora, cuando la tormenta arrecia, cuando muchos, cada vez más, se preguntan qué narices hacen nuestras señorías y cómo justifican sus sueldos, dietas y componendas, se impone la lectura de las ‘Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados’. Las firma su señoría más respondona, íntegra y cabal que haya posado sus reales posaderas en un escaño: José Antonio Labordeta.
Son un ejercicio de lenguaje llano, preciso y eficaz. Labordeta en estado puro. Miedos, reflexiones, escepticismo y mordaz crítica se suceden en unas páginas tan vivas como su persona. Desde el análisis e impresiones personales acerca de ciertos diputados con los que compartió debates, enfrentamientos y relaciones en un quítame allá esas comisiones, hasta los momentos más decisivos de las dos legislaturas que vivió como diputado de la Chunta Aragonesista; las primera de ellas, al amparo de Aznar. Impagables los comentarios sobre el ex presidente del Gobierno, plagados de fina ironía aragonesa.
Una delicia para quien quiera conocer qué se cuece y de qué manera en la casona de la Carrera de San Jerónimo. Palabras de un luchador insancable, cantor de libertades imaginarias, pasadas y futuras y maestro cicerone de un país que guardó en su mochila, amplia y eterna. La misma que algunos quieren desgajar en nombre de cualquier libertad, pues de lo grande que es, todas caben en ella. Y, si alguno se empeña en salirse del tiesto, siempre quedará la posibilidad, parafraseando su coletilla más famosa, de mandarlo “¡A LA MIERDA!”.
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