Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas

Hola, hijo, buenas noches.

La verdad es que no quería volver a contarte más cuentos por un tiempo. Me apetecía más que durmieras con tus sueños y tus ingenuidades. Pero no puedo evitarlo. De vez en cuando, y eso lo comprobarás cuando seas mayor, dentro de mucho tiempo, nosotros, los mayores, no necesitamos más que una palabra, un recuerdo, un comentario, para que se nos despierten los demonios que llevamos dentro. Y ayer, casualmente, a papá lo llamaron para hacerle una encuestra telefónica sobre la situación económica y política. Y, claro, papá dijo lo que pensaba.

De la primera poco más te puedo decir. La cosa va como va. Y punto. Cuándo saldremos de este lío, si salimos, o si nos vamos a hundir aún más, es algo que nosotros no podemos decidir y, por lo tanto, por mucho que opine, lo mismo te va a dar. Sin embargo, de lo segundo, sí que te puedo hablar.

Se suele decir que cada pueblo tiene los dirigentes que se merece. A veces, razón no le falta al dicho. Hay cada cosa por ahí… Y, en lo tocante a lo nuestro, tenemos lo que tenemos, que ya es bastante. Ya sabes que los políticos son, dicen ellos, los que mandan y dirigen este país. Suele ser gente muy preparada, versada en muchas cosas y con una gran visión, la que se necesita para gobernar a mucha gente, como es nuestro caso. Ya aprenderás en el colegio cómo desde la antigua Grecia, donde había gente que sabia, y mucho, y de donde procede casi todo nuestro conocimiento, existía una elite, es decir, los mejores hombres, que se encargaban de dirigir al resto de hombres, mujeres y niños que vivían con ellos. Eso, con el tiempo, fue evolucionando en distintas formas de gobernar, unas mejores que otras, más o menos eficaces, pero, en todos los casos, establecidas para dirigir a miles, millones de personas.

Aquí, en España, hemos pasado por todo. Hemos tocado todos los palos: dictaduras, es decir, que manda uno y todos obedecen; repúblicas, con gobiernos presididos por una figura elegida por el pueblo, es decir, nosotros; o monarquías, que, dependiendo del monarca, o sea, del rey, gobernaban según le fuera el aire a éste, es decir, sin hacer caso a nadie, o como hace nuestro rey ahora, dejando todo el poder a unas personas que son elegidas por todos nosotros, que se encargan de decidir por todos, y quedando él como una figura meramente representativa.

Y, claro, cuando acabó la dictadura, cuando murió ese señor bajito que gobernó este país tantos años sin que nadie se atreviera a toserle, vino la democracia, que es el gobierno de todos. En este caso, el pueblo, nosotros, somos los que elegimos a los que nos gobiernan. Y, durante un tiempo, hubo gente que se dedicó a eso, a gobernar, a hacer el bien. También hubo alguno que se aprovechó, pues listos nunca han faltado, pero la gente estaba contenta: por fin volvíamos a decidir quiénes tenían que gobernarnos.

Pero, de un tiempo a esta parte, a papá, y a otra mucha gente, le da como igual todos esos que gobiernan, o dicen gobernarnos. Creo que me habrás escuchado decir que desprecio a todos y que, por desgracia, tampoco voto, pero respeto a todo el que lo hace, pues hubieron muchos y muchas que murieron para que en este país hubiera libertad y democracia. Y todos ellos sí que merecen respeto y consideración. Los demás, los que se aprovecharon de ellos, sólo desprecio. Y te preguntárás el porqué; pues porque no sé a quién hacerlo. Antes, había distintas opciones, ideas, acciones, hechos… Variedad. Ahora, no hay nada. Bueno, sí: chorizos, aprovechados, listos, muy listos… Los mismos perros, pero con distintos collares, que decía la abuela. ¿Te acuerdas que te dije antes que en la antigua Grecia gobernaban los mejores, los más preparados? Aquí gobierna incluso gente que no sabe lo que es pisar una universidad, la cuna de todos los saberes, y se comportan como si sólo ellos poseyeran la verdad absoluta; gente más preocupada por sí misma, por sus intereses y por quienes les rodean. Más que por los gobernados. De servidores del pueblo, han pasado a servirse a ellos mismos. Y, como comprobarás, raro es el día en el que no aparece en los periódicos uno que dicen que se ha beneficiado de su cargo para llevarse dinero, o bien se ha llevado alguna prebenda tras favorecer a quien le diera la gana… Si tengo que poner la mano en el fuego por alguno, creo que algún dedo me quemaría.

Gente con inmensos privilegios y dispuesta a hacer lo que haga falta para no perderlos. El tío Manolo, que tiene 64 años, está deseando que llegue el año que viene para jubilarse. Y sabe que, tras 37 años de trabajo, de partirse el lomo todos los días, casi de sol a sol, le va a quedar una pensión más que discreta, que a duras penas le dará para mantenerle a él y a la tía Vicenta. Después de toda una vida trabajando, repito. A esta gente, en cambio, les basta ocho años, sí, a esos que ves en el congreso, cuando van, por ejemplo, para tener un sueldo vitalicio, para toda la vida. Un sueldo que ninguno de nosotros verá cuando nos jubilemos, y para entonces, ni siquiera habrá ya nada legislado para pagarnos esa jubilación. Por eso tanta insistencia en que nos hagamos planes de pensiones privados. Que ya ven las orejas al lobo. Y menos mal que nos avisan. Un gesto a agradecer, sin duda.

Y me tengo que callar para no empezar a envenarte la cabeza, que aún eres muy pequeño y hay cosas que no entenderias. Por eso, cuando crezcas tendrás tus propias ideas, aprenderás a ver quién te dice la verdad y quién no. Pero, quizás, también te des cuenta de porqué papá desprecia a toda esta gente, de la que no quiere saber nada. Entonces, serás mayor para decidir por ti mismo qué te interesa. Y espero que aciertes bien, porque te hará falta. Cuídate de aquellos que te prometen el oro y el moro durante quince dias y luego se tiran cuatro años olvidándose de esas promesas, de quienes le votaron y de la madre que los parió a todos, con perdón.

Un beso, hijo, y buenas noches.

Un comentario to “Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas”

  1. [...] Victor Fernández Correas » Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas victorfernandezcorreas.com/2010/07/cuento-para-cuentacuentos-y-cuentistas/ – view page – cached La verdad es que no quería volver a contar más cuentos por un tiempo. Me apetecía más que durmieras con tus sueños y tus ingenuidades. Pero no puedo evitarlo. De vez en cuando, y eso lo comprobarás cuando seas mayor, dentro de mucho tiempo, nosotros, los mayores, no necesitamos más que una palabra, un recuerdo, un comentario, para que se nos despierten los demonios que llevamos dentro. Y… Read moreLa verdad es que no quería volver a contar más cuentos por un tiempo. Me apetecía más que durmieras con tus sueños y tus ingenuidades. Pero no puedo evitarlo. De vez en cuando, y eso lo comprobarás cuando seas mayor, dentro de mucho tiempo, nosotros, los mayores, no necesitamos más que una palabra, un recuerdo, un comentario, para que se nos despierten los demonios que llevamos dentro. Y ayer, casualmente, a papá lo llamaron para hacerle una encuestra telefónica sobre la situación económica y política. Y, claro, papá dijo lo que pensaba. View page Tweets about this link [...]

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