Tierra de conquistadores
Siempre es un placer compartir mesa y mantel con los amigos. Especialmente si ese amigo es J.V. Serradilla Muñoz. Hace un par de años tuve el inmenso placer de que presentara en el Monasterio de Yuste mi primera novela y, desde entonces, fomentamos una amistad que ha ido creciendo con el paso del tiempo. Serradilla, ya jubilado tras una ardua vida como periodista, sigue pergeñando obras e investigaciones relacionadas con nuestra tierra, La Vera, y con distintos personajes históricos que le han despertado interés a lo largo de su intensa vida como periodista y escritor.
La semana pasada acudi a verle a Collado de la Vera, precioso pueblo enclavado en la cacereña comarca de La Vera en el que abrió hace unos años un negocio hostelero, y donde pace y descansa, que no es poco. Entre charla y charla me desveló la procedencia de un gran camión aparcado en el exterior y que servía para transportar caballos. Su establecimiento fue uno de los elegidos para alojar a los miembros del equipo de producción, en este caso, a los especialistas, que desde hace un mes ruedan por toda la comarca una nueva serie que ya publicita Antena 3, y que no emitirá hasta el otoño: Hispania, la historia de la conquista romana de la Península Ibérica. Que ¿por qué rodar en estas tierras, si Tarraco está a mas de 900 kilómetros de distancia, con el juego que podía haber dado, o en Sagunto o en las tierras más cercanas a Cádiz? La leyenda, que nunca pone de acuerdo a nadie, sitúa por estos lares el lugar de nacimiento, andanzas y aventuras del guerrero lusitano Viriato, vencedor en diversas batallas contra los romanos hasta que tres de sus compañeros, Audax, Ditalcón y Munaro, decidieron cortarle la cabeza y llevársela a sus enemigos, quienes agradecieron su gesto con la histórica frase ‘Roma no paga a traidores’.
A raíz de dicha conversación salió a relucir el, por desgracia, manido tema del atraso extremeño, la lenta burocracia que marchita los sueños de emprendedores y la dejadez que todo lo consume. Y, sin saber cómo, a la luz de Viriato salieron a relucir los nombres de Pizarro, Hernán Cortés, Pedro de Valdivia… Hombres como el mítico guerrero luso, llenos de sueños y de ilusiones, en unos casos, o deseosos de escapar del hambre, de la desesperación y de una tierra sin futuro, en otros. Admirados por unos y detestados, por no decir odiados, por otros. Protagonistas de una de las mayores epopeyas nunca realizadas por el ser humano, como fue la conquista de un imperio más grande de lo que pudieran haber soñado jamás para mayor gloria de reyes, validos y gente con pocos escrúpulos y menos vergüenza. Pero también responsables de las mayores tropelías conocidas en la humanidad y autores de los genocidios más aberrantes, para mayor honra de una corona que languidecía a marchas forzadas, por mucho que, allende los mares, las riquezas no tuvieran fin. Conquistadores, en suma. Hombres con sueños, deseos y ambiciones, que marcharon hacia lo desconocido en busca de un futuro, ya fuera lleno de gloria o masacrado por las envenenadas flechas de las tribus que se negaban a ser sometidas a sus nuevos dueños.
Todo eso nos despertó el recuerdo de Viriato. Luego, un silencio de pesadumbre nos invadió. No tanto por lo que supusieron esos hombres y sus hazañas, sino por el futuro de esta tierra. Quiza sea verde, esperanzador, como ese color que se enseñorea en la bandera extremeña; o negro, como el mismo que también que luce dicha enseña, un recuerdo perenne de lo que fue, no es y, posiblemente, no será. Recordamos al guerrero luso, que luchó por la libertad de su tierra y su sueño nos llevó a aquellos que nunca se atrevieron a imaginar lo que harían y descubrirían. Después, quedamos invadidos por el vacío, por una inmensa desazón en la que la dejadez, la falta de oportunidades y la desmotivación arramplaban con todo y con todos.
Eppue si mouve, dijo Galileo ante la Santa Inquisición, negándose a creer lo que no creía. Aún se mueve, sí, esa tierra extremeña, la tierra de conquistadores. Lo que no sabemos, lo que nadie sabe, es hacia dónde…

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