Cuento para cuentacuentos y demás cuentistas

Hijo mío, lo que hoy te va a contar papá no es un cuento. O tal vez sí. Fue algo que ocurrió hace muchos años, casi una pesadilla, pero que a la vez es un cuento porque termina bien. Tiene un final feliz, de esos que a ti te gustan tanto. Por eso quiero contártelo. También es un cuento porque hay buenos, malos, gente que está porque tiene que estar y algo de fantasía y de irrealidad. Si no, no sería un cuento.

Hace muchos años, tal día como hoy, papá se levantó de la cama y abrió la persiana para que entrara el sol. No recuerdo si ese día de febrero el cielo estaba despejado o no, pero sí recuerdo que la luz que entraba por la ventana era especial, pues alejaba los negros nubarrones que el día anterior amenazaban tormenta. Y, por lo que decían, la tormenta podía durar mucho, pero que mucho tiempo.

Papá era muy pequeño entonces, algo más grande que tú ahora, pero todavía no sabía las cosas que ha ido aprendiendo con el tiempo. Solo supo, por lo que le dijeron los abuelos, que unos hombres con pintas de un pasado tan trágico como prescindible quisieron llevarnos otra vez a ese pasado que intentábamos olvidar. Y por eso entraron en el Congreso de los Diputados armados con pistolas. Sí, hijo, ese sitio que tiene dos leones en la puerta y en el que, como te dice papá, existe la mayor concentración de inútiles de todo el país. Entonces, no. Por eso entraron allí esos que nos querían devolver al pasado. Porque los que allí estaban reunidos, pues iban a elegir a un nuevo presidente del Gobierno tras dimitir el que nos había devuelto la democracia, eran quienes velaban por nosotros; quienes se encargaban de que los nuevos tiempos perduraran por mucho tiempo. Quienes dirigían este país. Continue reading

Testigo de ‘El Brujo’

Anoche fui testigo de un Brujo. De Rafael Álvarez, ‘El Brujo’. Está en Madrid. Y es ‘El Testigo’. ¿De qué o de quién? De la vida y miserias de Migué Pantalón. Pantalón es cantaor. O lo era. Dice que “estoy a otras cosas, estoy en el bulto (…), estoy leyendo quince libros sin saber leer. Veo sitios, veo muertos. Lo veo tó”.

Durante más de una hora ‘El Brujo’ se mete en la vida del testigo de Migué Pantalón. Cantaor peculiar, amigo de sus amigos. Un cariño. “¿Cariño? ¡Por loh cohone!”, exclama ‘El Brujo’ a modo de recibimiento. “El ídolo”. Ese es Migué Pantalón. Un artista, un peculiar personaje de la vida gaditana, de la de verdad; de ese ‘Cai’ auténtico, sin costuras. ‘El Brujo’ repasa vida, milagros y anécdotas de Migué Pantalón, aunque lo que realmente hace es transmutarse en un personaje tan sencillo como sincero, en un irónico espectador que recorre las mesas de una imaginaria taberna, quizá la que abrió el mismo Migué Pantalón y que tuvo que cerrar a los tres días porque nadie pagaba nada, contando. Relatando. Bisbisando. Partiéndose el alma en cada registro, en cada mueca y en cada postura para contarnos quién era Migué Pantalón. ‘El ídolo’. ‘El Cariño’.

‘El Brujo’ es ‘El Testigo’. Testigo de una estirpe de cantaores de raza, de almas que llevaron el cante a la talla de un diamante en bruto, cálido y sin aristas. De una gran pureza. Fernando Quiñones recogió en su texto toda esa pureza y a sus personajes. Y a Migué Pantalón. Y su voz, su manera de pisar las tablas, su personalidad tan personal. ‘El Brujo’ pone sus tablas sobre las tablas, que ya es decir, y recita, habla, musita la vida de Migué Pantalón, del ‘ídolo’, del ‘cariño’.

“¿Cariño? ¡Por loh cohone?!”. ¿Por qué? En el Teatro Infanta Isabel está la respuesta hasta el 30 de abril. Cada noche la ofrece Rafael Álvarez, ‘El Brujo’ a quien quiera escucharla .

Estampas: Cuenca, ese nido de águilas

La panorámica no puede ser más espectacular. Al frente, un mural de piedra, adobe y balconadas de madera sobre inmensos basamentos de piedra. A sus pies, el vacío provocado por el río Huécar y que salva un puente de hierro, cuya visión provoca al viajero un respeto que le hace pensarse dos veces si lo cruza o no. Tras él, en un recodo, como no queriendo molestar, el Convento de San Pablo, ahora transformado en parador. Finalmente, el viajero cruza el puente de hierro, el famoso puente de San Pablo, para llegarse hasta la ciudad de Cuenca. La misma que se yergue sobre afiladas rocas y abruptas formaciones calcáreas; ese “nido de águilas hecho sobre una roca”, según descripción de Don Pío Baroja, de cuya estancia en la ciudad tiene conocimiento el viajero a través de ‘La Canóniga’, así como de relatos que versan sobre su estancia en estas tierras. Continue reading

Pagagnini

Uno de esos espectáculos al que vas un tanto receloso, y del que sales con los ojos como platos y aún maravillado de las cien mil imágenes y sonidos que te ha dejado. Eso es Pagagnini, la última ‘obra’, por llamarla de alguna manera, concebida por Yllana en colaboración con Ara Malikian, y que puede ahora puede verse hasta el 28 de febrero en el Teatro Calderón de Madrid.

Entonces, descubres que un regalo, pues eso fue lo que me empujó a acudir a verlo anoche, se convierte en una increíble experiencia musical y teatral en la que los cuatro músicos (Ara Malikian, Eduardo Ortega, Fernando Clemente y Gartxot Ortiz) repasan algunos momentos cumbre de la música clásica. La gracia del asunto es su fusión con otros estilos musicales (pop, flamenco, rock…), convirtiéndolo en un desbarajuste absoluto que te apalanca en la butaca sin saber cómo va a acabar aquello. Y cuando lo hace, la sensación de haber contemplado algo único, diferente y novedoso es tan grande, que no puedes dejar de recordarlo una y otra vez.

Por el escenario desfilan piezas de Mozart, del propio Paganini o de Manuel de Falla arregladas para la ocasión. Pero, sin duda, son impagables la versión del Canon de Pachelbel; el ‘With or without you’ de U2 que Eduardo Ortega es capaz de montarse en solitario con un violín, fragmento a fragmento, pieza a pieza; y, sobre todo, y el Tributo a Vivaldi, y que recuerda bastante a la versión de Jean Michel Jarre y Patrick Rondat, número con el que se da fin al ESPECTÁCULO tras hora y media de emoción contenida, risas y muy buenos momentos.

Una experiencia visual y auditiva que merece la pena contemplar. Y ojo, el que avisa no es traidor. El público también tiene una importante cuota de participación en el desarrollo del espectáculo. Para saber cuánta, sólo hay que acercarse al Teatro Calderón…

Sorpresas te da la vida…

Cuando las cosas ocurren, ocurren por algo. Nunca sabemos el porqué ni el cómo. Luego, caen en el olvido y ahí se quedan. Hasta que viene alguien y las rescata. Viene esto a colación porque va para dos años y medio que publiqué mi primera novela, La Conspiración de Yuste, editada por La Esfera de los Libros. Una alegría y un sueño hecho realidad. Quien sepa cómo son estas sensaciones lo puede explicar mejor que nadie. Luego, una pequeña promoción, unas ventas más que satisfactorias para lo que fue la novela (mucho mejores de lo que podría esperar), apariciones en medios (muchas más de las que hubiera aventurado), críticas y opiniones de muy diverso tipo, calado y tendencia… En fin, todo lo que un escritor pueda esperar de su obra. Y, tras la tempestad, la calma, el olvido y a otra cosa, mariposa. Que es, precisamente, lo que ahora tengo entre manos, aunque de eso no podré contar nada hasta dentro de unos pocos meses. Espero que antes del verano, si me dejan…

Por razones que no vienen al caso, esta mañana he estado navegando en la Red para documentarme en un nuevo proyecto laboral, nada relacionado con la literatura. Y, de buenas a primeras, me he encontrado con esto. Es una crítica de un tal Javierdd que dejó reseñada en un portal de opiniones, comparativas y artículos. Lo impactante, y lo que más me ha llamado la atención, es el increíble y puntilloso análisis que hizo de la misma en su momento (desconozco cuándo), así como la exhaustividad de la citada crítica, que paso a reproducir sin más. Lo único que me queda es, desde esta pequeña tribuna, agradecer a Javier tan impresionante trabajo. Sin duda, un regocijo para el alma de cualquier escritor. Continue reading

Rumorología electoral

Creo que me lo contó alguien la semana pasada. Lo primero que hice fue echarme a reír, porque la cosa tiene su gracia. Y más siendo el personaje que es. Luego, ya en frío, lo piensas y dices: “Hombre, ya que hay tantos que chupan del bote, al menos éste/ésta se vanagloria de hacerlo mejor que nadie”. Me estoy refiriendo a la presunta noticia de la presunta candidatura de Carmen de Mairena a las (éstas ya no son presuntas, sino reales) elecciones a la alcaldía de Barcelona. Imagino que lo haría de la mano del CORI, formación con la que ya concurrió a las elecciones a la Generalitat de Catalunya con el escalofriante resultado de quedar por delante de Rosa Díez y su UPyD.

Personalmente, y dejando aparte su lado oscuro relacionado con tramas de prostitución nunca aclaradas, he de reconocer que el personaje me cae bien. Tiene su gracia. Y eso, dentro del panorama del frikismo nacional, ya es bastante. Aunque, claro, no tanto como para imaginármela en el sillón de la alcaldía de Barcelona. Pero la cosa tendría su punto, para qué negarlo. Y las reuniones plenarias, para verlas. Para los periodistas, un filón. Perla tras perla. No darían abasto, vamos. Dirigir la política local, lo que se dice dirigir, poco. Seguramente, nada. Pero la jartada a reír no nos la quitaba nadie.

Desgraciadamente, he buscado por todas partes la confirmación de la noticia y no he encontrado nada que clarifique su veracidad. Una lástima de no ser verdad. Sin embargo, yo la animaría a dar el salto a la política nacional, su verdadero territorio. Allí podría demostrar todas sus dotes de animal (con todas sus connotaciones) político. ¿Acaso no se sentiría como pez en el agua entre personajes acostumbrados a venderse por lo que haga falta, cambiar su decisión de un día para otro según conveniencia o tragar con lo que sea con tal de no perder su chollo?

Lo dicho. Carmen, déjate de minucias y piensa en grande. Aunque, seguramente, siempre lo piensa. Y cuanto más grande, mejor. Una adelantada a su tiempo, sin duda.