Estampas extremeñas: Trujillo

El viajero, que es de naturaleza curiosa, detiene el coche. El sol cae a plomo sobre la carretera, cuyo asfalto hierve. Pero no puede evitarlo: la vista le cautiva. Asentado sobre una enorme masa granítica, canchal que llaman por estas tierras, el caserío de Trujillo se desparrama por sus faldas. Y allá en lo alto, altivo y sereno, una enorme alcazaba. El viajero se encoge de hombros y respira fuerte. A ver si con suerte se le pega algo de la grandeza que transpira esta tierra que antaño pariera hombres que dominaron el mundo. Continue reading