La penúltima, pues siempre habrá otra que sorprenda aún más que la anterior. Pero la que nos ocupa es de traca. Ayer dio comienzo el uso de era multilingüe en el Senado. La cosa es muy sencilla: la señoría de turno que ha nacido en una comunidad que posee lengua propia tiene todo el derecho del mundo a expresarse en ella. Derecho legítimo, dicho sea de paso, pues cada cual habla en lo que le dé la gana siempre que se le entienda. Y como tal sube al estrado del Senado y se expresa en su lengua, ya sea catalán, vasco o gallego. Y las demás señorías, las que no entienden o conocen dichas lenguas, hacen uso de un servicio de traducción simultánea. Resultado: todos contentos. Sus señorías bilingües, porque se expresan por fin en la lengua de su comunidad; los traductores simultáneos, porque tienen trabajo tal y como está el patio. Y el contribuyente, también. El más contento de todos: la de ayer cuesta 12.000 euros del ala. 350.000 euros si se extrapola la cantidad al plenario de sesiones. Eso sí, las riñas, llamadas a la atención y demás actuaciones estelares del presidente del Senado, en castellano. Para que le entiendan todos, hasta los traductores simultáneos. Para chulo, él, dirá.
Y que conste que lo que se critica no es el uso de tal o cual lenguaje, pues todas, por estar reconocidas en la Constitución, tienen el mismo derecho a ser utilizadas que el castellano. Lo que no es de recibo, y más en una época de peticiones de sacrificios, moderaciones y apreturas, es tirar el dinero en semejante gilipoyez. Tal cual. 60 millones de las antiguas pesetas, así como suena, porque sus señorías se cuenten lo que se deban contar en catalán, gallego o euskera cuando luego, en los pasillos, en el bar o en el restaurante donde se reúnan a comer o a tomarse copas, se peguen jartadas a reír en la lengua que todos conocen y comparten. El multilingüismo, que tiene estas cosas. Muy divertidas, por lo que se ve.
Tan divertidas como lo que oí ayer a un grupo de ancianos discutiendo bajo mi casa. Lo que se suele llamar el Congreso, el Senado o La Moncloa según los lugares y la guasa que le echen al asunto. Uno de ellos elevó su voz sobre la de los demás y se quedó más ancho que largo al soltar la siguiente: “Pues nada, un día me planto allí, les suelto que este año me han congelado otra vez los 650 euros de pensión que cobro al mes y, ya de paso, les mando a tomar por culo a todos en catalán, gallego y vasco”. Los demás le rieron la gracia. Y yo, el que más. Mejor tomarse estas cosas a chanza. Que las ideas las carga el diablo, y últimamente a la gente se le ocurren cosas muy malas. Pero que muy malas…
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