La colina de las Piedras Blancas

“Año de 1588. La Armada Invencible regresa a casa tras su derrota ante la flota inglesa. Cuando navega frente a las costas de Irlanda, violentas tempestades empujan los barcos contra los acantilados provocando la muerte de miles de soldados. España entera se viste de luto.

Algunos hombres que logran alcanzar la orilla hubieran preferido morir ahogados, pues las tropas inglesas aguardan en el litoral con la orden de torturar y aniquilar a los supervivientes.

Uno de aquellos hombres fue un capitán segoviano que logró salvar su vida milagrosamente y dejó para la Historia un testimonio escrito de incalculable valor: una carta enviada a España, que permaneció inédita hasta finales del siglo XIX.

Basada en la narración del capitán, La colina de las piedras blancas es la historia de uno de los soldados españoles abandonados a su suerte por tierras de Irlanda, viviendo una apasionada aventura personal y una vibrante huida en busca de la salvación”.

Ésta es la sinopsis de la segunda aventura literaria de mi paisano José Luis Gil Soto, que se estrenó con gran éxito de crítica y de ventas con La Traición del Rey, un repaso innovador, documentado y sorprendentea la figura del pacense que más poder llego a acumular en este país, Manuel Godoy.

Nuevamente, Styria vuelve a acompañarle en esta aventura que, seguro, marchará por idéntica senda que la anterior. En un par de semanas, según el autor, estará disponible en todas las librerías de España. Un aviso: la novela resultó finalista en el certamen de novela histórica organizado por Caja Granada con el título: ‘La tumba de los españoles“. El galgo, por lo tanto, tiene pedigrí.

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Sobre comentaristas y narradores

Hay comentaristas y comentaristas. Buenos, malos, mejores o peores. Escuchar los comentarios de un partido de fútbol por televisión es todo un arte. Aún recuerdo el legendario partido que brindó a la audiencia esta temporada un comentarista y ex entrenador argentino, pero asentado en España desde hace muchos años, que se atrevió a definir una pared con términos similares a: “Es un proceso de ejecución entre dos vértices que aprovechan los espacios para definir un movimiento que deja al compañero en una posición manifiestamente positiva”. Pues eso, como escarpias.

La llegada de las emisiones digitales ha dado al traste con la tradición de ver los partidos por la televisión y escucharlos por la radio. ¿Quién no ha cantado un gol cuando aún no ha visto entrar la pelota en la portería? ¿La estrella de la radio acabará por matar a la televisión? Cruel paradoja. Abandonar la radio para caer en los brazos de los comentaristas televisivos. Triste destino para un fútbol cada vez más anodino y soso.

¿Existe algún oasis? Pues haberlo, haylo. El placer de disfrutar con una buena pareja de comentaristas es impagable. Y eso se puede hacer en cada partido de la liga inglesa, la Premier League, que la 2 emite los fines de semana e, incluso, algún dia entre semana por el canal Teledeporte. José Manuel Díaz, en el papel de narrador, y José Antonio Martín Otín, más conocido en el mundillo futbolístico como ‘Petón’, como comentarista, convierten cada partido en una fiesta. Fútbol, anécdotas, detalles técnicos y tácticos, historias y cotilleos se entremezclan con la acción para convertir el encuentro, sea el que sea, en una trepidante historia; un folio en blanco a la espera de ser caligrafiado, no con la mejor letra, posiblemente, pero sí con la más entretenida, objetiva y atractiva posible. Ver, formar y entretener. Seguramente, no vendría mal que en las facultades de Comunicación Audiovisual estudiaran sus narraciones, para que las futuras generaciones de periodistas que quieran ser comentaristas y narradores sepan a qué atenerse, lo que seguir e imitar, en la medida de lo posible.

Por desgracia, la próxima temporada es seguro que dejemos de disfrutar con esta pareja, pues la televisión pública ya no tendrá los derechos de la competición inglesa, y nos quedaremos huérfanos. Huérfanos de una pareja que sabe de fútbol, que lo respeta y lo ama, convirtiéndolo en lo que es: el espectáculo de masas más grande del mundo. Un espectáculo. ¿Tan difícil es que alguien les imite?

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Don Miguel

Hará dos viernes parte de mi alma quedó huérfana. Me había desayunado con la noticia del grave estado de salud de Miguel Delibes. A media mañana, decidía dejar este mundo del que hacía tiempo que había abdicado como escritor. Abdicado a la fuerza.

Decía Don Miguel que el día que entró en el quirófano, poco después de entregar su última novela, El Hereje, el escritor se quedó en la mesa de operaciones y de ella salió un inútil. El alma del escritor, cuando es despojada de su esencia, queda vacía, nula. Los sentimientos se agotan, la creación se esfuma y el corazón deja de palpitar y se queda a ralentí. Razón no le podía faltar a quien hizo de la prosa el mejor regalo que Castilla, la vieja Castilla, nunca pudo recibir. Castilla, siempre Castilla.

El cazador. El pescador. El hombre de la tierra. El hombre bueno. Vinieron los homenajes, las palabras, el recuerdo de lo que fue y será siempre. Él, siempre dado a la modestia  y a la discreción, seguramente se hubiera sentido aturdido ante tanta muestra de respeto. Diría Azarías, el protagonista de El Disputado Voto del Señor Cayo, que tanta zalamería algo debía tener. Seguro. Valladolid se rendía ante su escritor más universal. Clamor en las calles. Paradojas de la vida. La misma ciudad que, casi cinco siglos atrás, quemó vivo a su Cipriano Salcedo en la hoguera por ser luterano convencido. “El Hereje es un homenaje a Valladolid, mi ciudad”. Palabra de Don Miguel. Dar es corresponder. ¿Quién dio más a quién?

Don Miguel se fue. Pero nos dejó mucho. Un legado tan alargado como la sombra de un ciprés cuya lectura da para más de cinco horas, ya sean en soledad o con Mario. Emprendió su camino al encuentro de esa Señora de Rojo sobre fondo gris por un camino tan anhelado como soñado, desde Valladolid hasta Sedano, bajo un cielo límpido que cruzan aquellas palomas huérfanas de la escopeta del cazador. La Señora de Rojo que tanto le dio, su sustento, ahora le tiene cerca de nuevo.

Se marchó una persona íntegra. Se quedó, nos queda para siempre el escritor profundo, amado, tímido. Castilla, la yerma Castilla, ya es más ancha. Ancha como el camino hacia la eternidad. Tanto como la obra de quien la engrandeció y la llenó de personajes vivos. Castilla mira hacia el cielo, orgullosa, y espera que Don Miguel se siga acordando de ella. Y viceversa. Porque en este mundo las cosas son siempre de dos. Castilla y Delibes; Valladolid y Delibes; la escritura y Delibes; el mundo y Delibes.

Gracias, Don Miguel.

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Volver a la vida

Porque eso es lo que he decidido hacer. Regresar a la vida, dejar volar los pensamientos y plasmarlos en una hoja de papel. El gran misterio del escritor. El miedo al vacío, a lo desconocido, se desvanece por arte de magia en cuanto una letra, nada, marca la blanca superficie para llenarla de un anhelo, un deseo, un sueño o una esperanza.

Escribir libera la mente y el alma; invita a viajar, a descubrir, a conocer; te transporta a mundos inimaginados, unos, y soñados, los otros; recrea situaciones imposibles con hechos pasados y los eleva a la categoría del placer de la creación. No es crear por crear. Es crear para crear, para dar rienda suelta a un deseo de ser, parecer y querer.

Por eso vuelvo a la vida. El folio el blanco ha comenzado a llenarse de pequeños puntos que, poco a poco, cogen vida. El destino, tan incierto como soñado, sólo lo conoce él, esa pequeña pieza, unas veces material y otra de un blanco tan artifical como irreal, que te devuelve a la vida a pasos agigantados.

Lo que ha hecho conmigo. He vuelto a la vida.

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700 años

Aquí os dejo un artículo recientemente publicado en el suplemento ‘La Crónica de la Comarca de la Vera’, de ‘El Periódico de Extremadura’, con el que he querido hacer un pequeño homenaje a mi pueblo, Valverde de la Vera, que este año cumple su 700 aniversario.

 

                                                                     700

La mañana es algo fría, pero el agradable sol, que reverbera a lo lejos, en las nevadas cumbres de la Sierra, es recibido por los caballeros con, al principio, tenues sonrisas. Sin embargo, al poner uno de ellos pie en tierra, su semblante se abre al comprobar las maravillas que sus ojos son incapaces de alcanzar.

- Don Nuño, no es malo el regalo que os ha hecho Nuestra Majestad.

Nuño Pérez de Monroy, placentino de nacimiento y miembro de una de las familias­ más importantes de la zona, asiente con la cabeza el comentario que acaba de dedicarle uno de sus compañeros de viaje. Y no le falta razón; aunque ya aúna entre sus títulos los de Abad de Santander y Arcediano de Campos, como reconocimiento a su formación eclesiástica, el rey Sancho IV había decidido recompensar años atrás sus desvelos y ayudas con la donación de la villa de Valverde y las aldeas de Villanueva, Viandar, Talaveruela y Madrigal.

Las ramas de los robles se agitan nerviosas en cuanto las gélidas rachas de viento se precipitan desde los cerros cercanos; las aún descarnadas olivas, a cierta distancia, reposan en los bancales a la espera de su esperado florecimiento y la corriente de un perdido arroyo arrastra tierras abajo el agua procedente de los deshielos. Nuño Pérez de Monroy se deshace de sus guantes y extrae de un bolsillo la copia del mandamiento por el que Fernando IV, hijo del difunto Sancho, ha decidido otorgarle pocas semanas antes, en la primavera de 1309, las tierras concedidas por su padre. Lo desdobla y vuelve a leer las palabras que casi salen de su boca sin necesidad de leerla:

- “Mi padre, que Dios perdone, y yo vos hicimos de una aldea que vos dimos, que se dice Valverde, que era en término de Plasencia, la cual aldea vos otorgó y vos dio los derechos que ahí había y toda su jurisdicción. Yo, por vos hacer bien y merced y porque me servistes siempre muy bien y muy lealmente, dévosla y otrogóvosla…”

Ñuño Pérez de Monroy levanta la vista; el desvalido caserío de Valverde casi le mueve a la compasión, comparado con el envidiable entorno que la rodea. En su mente bullen las ideas y los proyectos. “Construiré un castillo, que a la vez me sirva de residencia y de aquellos que se ocupen de mis deudos cuando no esté aquí, como de defensa frente a quienes quieran considerarse mis enemigos. Y tal vez no venga mal levantar una iglesia para dar gracias a Nuestro Señor, y que llene a estas gentes de alegría y alivie sus penas cuando no les sean dadas”.

El que ya es Señor de Valverde da cortos pasos sin perder de vista a los caballeros que le observan desde sus monturas; su cabeza es un no parar mientras mira hacia uno y otro lado, a izquierda y derecha, otea los cercanos cerros y se recrea en las suaves lomas que se suceden antes de encajonar con sus riberas las corrientes del Tiétar.

Nuño Pérez de Monroy no lo sabe, o quizá lo anhela pero no lo intuye. Sus posesiones serán de las más importantes en La Vera. Tan importantes que la historia contará que en sus tierras sus descendientes, los Monroyes, mantendrán encarnizadas disputas con otro importante señorío, el de Almaraz. O que el Condado de Monroy dará paso al de Nieva, cuyos primeros señores descansarán en sendos sepulcros cobijados por la iglesia de Valverde, antes de que las 66 familias de judíos, que por estas tierras habitarán desde la mitad del siglo XV, las abandonen tras el Decreto de Expulsión de los Reyes Católicos, mientras los pocos que quedarán tendrán que abrazar, casi falsamente, el cristianismo.

No vivirá para ver la decadencia en que se sumirá el Señorío de Valverde desde finales del siglo XVI; ni para ver la paulatina independencia de las villas y pueblos que lo conformaban; ni las guerras al amparo de la libertad que unos y otros entablarán a lo largo de los siglos por unos intereses siempre discutibles y opacos.

No vivió para ver que esa villa que le fue concedida cumple en 2009 sus primeros 700 años. No vive en carne y hueso para verlo, pero su espíritu se siente en las calles de Valverde y las recorre como un soplo que se desvanece entre tintineos de argollas y dolientes pasos de un empalao, esperando vivir otros 700 años, que bien merecidos los tiene.

En homenaje a la Villa de Valverde y a Ángel Correas, José Bueno Rocha y Susana Mayero, que, cada uno a su manera, se aventuraron a mantener viva la historia de una villa ya eterna. 

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La Conspiración de Yuste en La Feria del libro de Madrid

El pasado 7 de junio de 2009 acudí a la Feria del Libro de Madrid, invitado por La Esfera de los Libros. A todos los que allí acudieron, adquirieron y ejemplar y pasaron un buen rato de la mañana con nosotros, GRACIAS.

Aquí os dejo unas fotos como recuerdo de esa mañana.

 

 

 

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Primavera Literaria de Plasencia

El pasado lunes 27 de abril fui invitado a participar en la Primavera Literaria 2009 de Plasencia. Allí pude compartir una preciosa velada con lectores y amigos que se acercaron hasta el precioso convento de Santa Clara. Desde aquí mi más sincero agradecimiento a Nicanor Gil, autor placentino que presentó la novela a todos los presentes; a José Luis; a la Concejalía de Cultura, con Flor, la concejala, a la cabeza, a José Luis, de SER Plasencia y a todos los que estuvieron presentes para conocer más detalles de la novela.

Como resumen de la preciosa velada, aquí os dejo algunas fotografías.

Gracias a todos.

 

                  Junto a Flor Prieto, concejala de cultura de Plasencia. Detrás, José Luis, organizador de la Primavera Literaria de Plasencia.

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Conferencia en Torrelodones

Aquí os dejo una foto de la charla que ayer dimos en el Ateneo de Torrelodones, (Madrid).

 

 Desde aquí, mi más sincero agradecimiento a sus responsables por el buen trato y la tarde que nos hicieron pasar.

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Nueva crítica de La Conspiración de Yuste

Os dejo el enlace (http://www.literaturas.com/v010/sec0902/libros_resenas/resena-06.html) y, aquí debajo, la crítica, por si os apetece leerla directamente.

 

Gracias

 

La conspiración de Yuste

 
Víctor Fernández Correas  
La Esfera de los libros, 2008  

Pedro de Paz

Víctor Fernández Correas, La conspiración de Yuste

La erradicación por parte del Santo Oficio de una comunidad herética surgida en Valladolid, una venganza fraguada a sangre y fuego y los últimos días de retiro del emperador Carlos V. Todos estos elementos confluyen en La conspiración de Yuste, ópera prima del escritor Víctor Fernández Correas, un autor que se inicia en el mundo de la novela con una obra de evidente y marcado carácter histórico y lo hace con excelente fortuna.

1558. El capitán flamenco Bertrand de Brugge es un oficial de los tercios de Flandes al que se le encomienda la seguridad del emperador Carlos V durante su retiro. El gobernante más poderoso del mundo, cansado y enfermo, ha delegado en su hijo Felipe II y trata de vivir en paz sus últimos días, retirado del mundanal ruido en el monasterio jerónimo de Quacos de Yuste. Simultáneamente, la semilla luterana prende en varias ciudades españolas, entre ellas Valladolid, donde, a instancias de Carlos V, es reprendida a sangre y fuego por el Gran Inquisidor Fernando de Valdés. En medio de múltiples detenciones, dos de los acusados de herejía logran huir de la ciudad y dirigirse hacia Yuste donde planean acabar con la vida de aquél que tanto perjuicio ha causado a su comunidad, circunstancia que el capitán de Brugge deberá impedir a toda costa.

El título de la obra puede prestarse a equívoco puesto que, aunque escrita en clave de ficción, el argumento de la obra remite más a la contextualización social y política de una determinada época en la historia de España que a una explosiva trama de carácter conspirativo —aunque ésta esté presente en el texto en todo momento—. A lo largo de sus páginas, uno se encuentra con la agradable sorpresa de que el autor, partiendo de un entramado de ficción tan atractivo como verosímil, ha llevado a cabo un elogioso ejercicio documental, casi de corte ensayístico, de impecable precisión, hecho poco frecuente en las actuales novelas históricas en las que los errores y las banalizaciones se encuentran a la orden del día. Fernández Correas realiza en esta novela un meritorio trabajo tras el que se oculta una cuidada —hasta en sus más mínimos detalles—, extraordinaria y precisa labor de ambientación y en la que resulta más que evidente el esfuerzo empleado con el fin de mostrarse lo más veraz posible en los planteamientos argumentales, descubriéndonos un escenario tan preciso como creíble. Y quizá, ese sea el principal, único y perdonable talón de Aquiles de la obra: que la extensa documentación, ambientación y descripción costumbrista reflejada en el texto, por profusa, tiende a lastrar en cierta medida el ritmo narrativo en lo relativo a la trama de intriga. Por lo demás, nos encontramos ante una excelente obra que hará las delicias no sólo de los aficionados a la novela histórica, sino también de todos aquellos entusiastas de la época de la historia de España en la que ésta transcurre. En definitiva, una obra notable que nos concede la ocasión de hacernos con el primer trabajo de un escritor que, sin duda alguna, dará que hablar en un futuro. Espero que no muy lejano.

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La Isla de Viernes

Aquí os dejo el enlace del programa La Isla de Viernes, de Canal Extremadura TV, emitido el pasado 8 de enero, que dedicó un reportaje a la novela. Lo podréis encontrar entre los minutos 6 y 9.

http://tv.canalextremadura.es/tv-a-la-carta/videos/la-isla-de-viernes-8-enero

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