Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

El maestro Sabina no pensó en él para una de sus canciones, pero el personaje de hoy bien podría haber sido protagonista de cualquiera de ellas; de una en concreto.

Fue lo que suele llamar un culo inquieto, y desde temprana edad le cogió gusto a darle el tostón al españolito que se cruzara en su camino. No es que nos tuviera atravesados, no; el tipo quería llegar alto, y nosotros y lo nuestro se lo pusimos en bandeja. A eso hay que unirle que era de parar poco y de viajar mucho. Navegó todo lo que quiso y más, se las vio tiesas con todo español que se encontró, y el tipo casi siempre salió bien parado. Normal que se le pusieran alfombras y se le reconociera con la más alta distinción. Incluso tomó parte en una de las más grandes ocasiones que vieron los siglos, donde también rindió lo suyo, antes de que una enfermedad se lo llevara por delante. Que no su pasión, que lo recuerda como uno de los más grandes.

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