Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Lo de irte de este mundo en medio de una inmensa tormenta debe de ser la leche. Él no lo pudo ver, pero dicen las crónicas que así fue. El mejor resumen de una vida intensa, llena de ritmo, de sonidos, de aplausos, de entrega popular.

Tenía el don, y la formación adquirida -junto a cierta ayuda-, le permitió dar los primeros pasos en un camino que le conduciría a la eternidad. A eso le ayudó su carácter, explosivo y obstinado, pero seguro de sí mismo. Que no siempre caía bien: lo mismo le daba meterse en una conversación que contar chistes o soltar carcajadas sin recato alguno. Con eso dejaba claro una cosa: nadie conseguiría dominarle, ni mucho menos el dinero. Hasta que la salud empezó a jugarle una mala pasada. Que fue cuando se convirtió en lo que fue, abriendo las puertas de la eternidad. Allí tiene un lugar reservado, que se ganó a pulso a lo largo de su vida.

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