Allí, en Colliure

Allí, en Colliure, descansa Antonio. Hoy hace setenta y siete años que dijo basta, que no merecía la pena seguir luchando.

Atrás dejó un reguero de polvo en el camino. El que lo separaba de España, de un país que aún no había terminado de desangrarse y al que le quedaban cuentas que saldar, rencillas que apagar y venganzas que resolver. Un país que echaría en falta en sus últimas horas. Sus tierras. La de Soria, por nombrar una querida. Sus vistas y paisajes. Sin ir más lejos, la de un monte que Bécquer sembró de ánimas y leyendas y que contempló tarde tras tarde en paz y al lado de una muchacha soriana que enjauló su corazón junto al del poeta a una tierra extrema y dura. Castilla, la ancha y eterna.

En aquel lugar donde el polvo del camino se desvaneció tras agotadora marcha, setenta y siete años después, nunca faltan flores en su tumba. En la de Antonio. De apellido, Machado.

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