Un café, una mirada

Ana mueve la cuchara mirando al infinito. Una mirada perdida, vidriosa; una mirada que podría contar muchas historias. Ninguna agradable. Un camarero pasa junto a ella y sirve la comanda que una pareja joven ―se besan, se susurran al oído. Se quieren―ha pedido. Café con leche y largo para ella y sólo en taza con un vaso y un par de cubitos de hielo para él. Y una ensaimada. Petición de ella. Un capricho. Antes de servir la comanda, el camarero reparó en el rostro, en la expresión de Ana; y en ella misma, porque Ana es guapa, muy guapa. Quizás tenga menos años de los que aparenta. Las ojeras, su faz cansada, de claudicación ante todo y todos, visten una cara que sigue llamando la atención. Y lleva el pelo recogido. Pero no deja de mirar al infinito mientras mueve la cuchara. El café de la taza hace tiempo que dejó de humear, aunque a ella eso le da igual.

Ana ha entrado en la cafetería como podía haberlo hecho en cualquier otra tienda o se podía haber sentado en un banco de la calle. No buscaba nada, no quiere nada. En realidad, Ana ya es nada. Al camarero le bastó que Ana levantara la cabeza al chocarse con ella ―un choque buscado, una manera de sacarla de su ensimismamiento― para ser asfixiado por su mirada; una mirada que destila una mezcla de miedo con el odio, de temor con la ira.

―Disculpe. Ha sido sin querer….

―No se preocupe.

Ana regresó a su cucharilla, a su taza de café, a su mundo, y el camarero a la barra, en la que deposita la bandeja. Intercambia un par de palabras con otro compañero y desaparece por una puerta, por la que vuelve a salir un rato después vestido de calle ―zapatos mocasines, vaqueros azules un tanto desgastados y polo de color oscuro―. Vuelve a intercambiar otro par de palabras con el compañero y éste no tarda en preparar dos tazas de café que el camarero lleva hasta la mesa donde Ana sigue navegando por su mundo. Le sirve uno y el otro lo deposita frente a Ana, ante la que se sienta. Sonríe. La mira. Y cree haber atisbado un brillo rápido en sus ojos. Un brillo de cordialidad, de calor. Eso cree.

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