Citius, altius, fortius: el incendio del Reichtag

Renovarse o morir. De cuando en cuando hay que dar un vuelco a las cosas que haces, más que nada para que no os aburráis. Así que cierro la ventana y abro nueva sección que, si os apetece, tendréis aquí todos los días -si se tercia-.Y os gustará. La sección se llama ‘Citius, altius, fortius -el lema olímpico. «Más rápido, más alto, más fuerte»- y recogerá las mayores gestas del ser humano para bien y para mal. Barbarismos, hazañas, atrocidades de cualquier condición y gestos que pasaron a la historia quedarán reflejados en este buenos días que os dedico todos los días.

 
Reichstag firePara empezar, una chachi: el incendio del Reichstag, el Parlamento alemán, del que hoy se cumplen 84 años. Incendio del que Adolft Hitler, nuevo Canciller de Alemania, culpó a los comunistas. Igualito que una falla. En 25 minutos, el edificio quedó reducido a cenizas. El pato, aparte de los comunistas, en particular, y todo aquel que no comulgara con los postulados nazis, lo pagó en particular un tal Marinus van der Lubbe, un comunista holandés. Condenado y posteriormente decapitado, que fuera autor del incendio era algo que suscitaba más dudas que un traje de faralaes con rombos. Tanto, que en 2007 fue absuelto de los cargos e indultado. Tela.
 
El asunto del incendio del Reichtag le vino que ni pintado a Adolf Hitler, que tardó lo que dura una bolsa de chuches en la puerta de un colegio en declarar el estado de emergencia y ordenar la detención y encarcelamiento de los miembros de la oposición de todo el país. Y la cosa no acabó ahí. Citius, altius, fortius, recordad. También anulo la libertad de opinión, de asociación y reunión, se suspendió el secreto epistolar y telegráfico -vamos, que el contenido de cartas y telegramas, fuera cual fuera su naturaleza, lo iban a conocer los nazis al dedillo-, así como la garantía de la inviolabilidad del domicilio -barra libre para la entrada en casa cuando quisieran. Y sin rechistar los inquilinos o dueños de la vivienda-. ¡Ah! También se autorizó a la policía a prohibir reuniones. Y para los que se pusieran gallitos, si es que había ganas con este percal, se endurecieron delitos como la alta traición a la nación, castigados a partir de entonces hasta con la pena de muerte.
 
Días después del incendio se convocaron nuevas elecciones. ¿Quién las ganó? Adivina adivinanza. Efectivamente. Y con mayoría absoluta, faltaría más.
 
Por cierto, y para acabar el asunto, si el tal Marinus van der Lubbe no fue el autor del incendio, ¿quién lo fue? Las malas lenguas lo atribuyen a Hermann Göring, que habría ordenado convertir el Reichtag en un ninot. Esas malas lenguas…

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