Citius, altius, fortius: el largo viaje de Jules

Hoy se podrían contar muchas cosas en el ‘Citius, altius, fortius’. Salvajadas, unas cuantas, pero también momentos que nos redimen como especie. De las primeras, el petrolero Exxon Valdez, que regaló una marea negra de las que marcan época. Ocurrió en las aguas de Alaska. 36.000 toneladas de petróleo y 2.000 kilómetros de costa afectados. Para evitar que cosas así volvieran a ocurrir, se aprobó una legislación medioambiental en los Estados Unidos, la ‘Oil Pollution Act’. Hasta ahora ha durado. Veremos; el golpe de estado que el general argentino Jorge Videla dio en Argentina. La presidenta Isabel Martínez de Perón fue depuesta y el país entró en un túnel de terror, oscuridad; y Fernando VII, que entró en Madrid entre vítores del pueblo. Nunca una calamidad como el denostado Borbón tan grande recibió tanto cariño y aprecio.
 
Pero hay espacio para redimirnos como especie. Como lo que anunció un día como el de hoy Robert Koch: el bacilo responsable de la tuberculosis -Mycobacterium tuberculosis, Bacilo de Koch en cristiano-. Más tarde descubrió el del Cólera. Citius, altius, fortius. Motivos para sentirnos orgullosos como especie.
 
Si, todo eso. Pero hoy se nos fue uno de esos personajes que marcan. Llevaba días intentándolo, aunque tuvo que esperar al de hoy de hace 112 años para hacerlo. Un tipo llamado Jules -Julio en el imperio- decidió emprender un viaje. Un largo viaje.

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