El atentado fallido contra Lenin

¿A que no sabíais que la historia pudo cambiar tal que un 30 de agosto de 1918? El día que Fanny Kaplán le pegó tres tiros a Lenin que estuvieron a punto de dejarle listo de papeles. Pero no, el líder revolucionario salió con vida del asunto y las cosas siguieron su curso. Luego vendrían Stalin, la guerra, las purgas y todo eso. Al lío.

En 1918, Vladímir Ilich Uliánov, Lenin para los colegas, ya era un tío respetado por los suyos y un ídolo de masas. Ya fuera fábrica o plaza a la que iba, fábrica o plaza en la que lo petaba. La revolución proletaria, arriba parias de la tierra y ha llegado el fin de la opresión. Eso, de buenas; la sonrisa dulce de un sistema que de dulce y de paradisíaco tenía lo que Bob Esponja de asesino en serie.

A lo que iba, aquella noche del 30 de agosto de 1918, decía, Lenin salía de una fábrica de armamento de incendiar a las masas como era su costumbre. Un mitin más, cientos de personas deseando estrechar la mano del mesías, tocar o acariciar un mísero centímetro de su ropa. A Lenin lo esperaban en el Consejo de Comisarios, donde le tocaba reunión, cuando de la muchedumbre surgió una mano armada con una pistola. Antes de que entrara en el coche, le descerrajó tres disparos. Pum, pum, pum. Dos de ellos le hirieron de gravedad, uno en el hombro y el segundo en el pulmón izquierdo. Se mascaba la tragedia.

El chófer jura que solo vio la mano que sostenía la pistola. La peña que rodeaba a Lenin, no. Le vio el careto, pero bien visto, a Fanni Yefímovna Kaplán, una chavala de 28 castañas. De familia judía, desde joven se sintió atraída por la revolución y todo eso. Militante anarquista, ya tenía a su espalda el intento de asesinato del gobernador de Kiev en 1906, por el que la mandaron a un campo de trabajo, aunque se libró de los trabajos forzados. Liberada con el triunfo de la revolución de octubre de 1917, acabó desilusionada por culpa del conflicto entre los social-revolucionarios y el partido bolchevique. Por eso le pegó tres tiros a Lenin, al culparlo de socavar la fe del pueblo en el Socialismo. Una visionaria.

A Kaplán la interrogaron de lo lindo ―obvio los detalles, pero os podéis imaginar cómo sería―, y las únicas palabras que salieron de su boca durante el interrogatorio fueron las siguientes: “Mi nombre es Fanny Kaplán. Hoy disparé a Lenin. Lo hice con mis propios medios. No diré quién me proporcionó la pistola. No daré ningún detalle. Tomé la decisión de matar a Lenin hace ya mucho tiempo. Lo considero un traidor a la Revolución.” Amén.

Fanny Kaplán y Lenin.

Tres días después le dieron matarile, y según una versión se incendió su cuerpo cubierto de queroseno en un barril de hierro. La historia siguió su curso y después vino lo que ya todos conocemos. Para qué os voy a aburrir con la matraca.

 

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