Hoy, en ‘Citius, altius, fortius’… El asesinato de Juan de Escobedo

Una de ésas que nos califica como especie. Ruines a más no poder, ambiciosos, crueles. Unas joyas. Eso somos. ¿De qué estoy hablando? Del asesinato de Juan de Escobedo, que ocurrió tal que hoy hace 439 años. Al referido le dieron pasaporte con una espada, de lado a lado, a pocos metros del Alcázar Real, en la calle Almudena de Madrid. Lo mejor del asunto es que era la cuarta vez que se lo intentaban a cargar. Y a la cuarta, en efecto, fue la vencida. Con nocturnidad, a la luz de las antorchas que iluminaban la calle. ¿El asesino? Un grupo de hombres armados. Ahora, ¿quién era el tal Escobedo y por qué lo mandaron a criar malvas? Vamos con ello.

prisma_50_859_2000x1645Juan de Escobedo era secretario y mano derecha de Don Juan de Austria, héroe de Lepanto y hermano bastardo del rey, Felipe II. Quien decidió otorgarle ese cargo fue Antonio Pérez, que era secretario del rey. La idea era que atar en corto a Juan de Austria, quien por aquel tiempo ejercía como Gobernador de los Países Bajos. Felipe, que andaba con la mosca tras la oreja y no se fiaba de él. El héroe de Lepanto, nada menos. Y Escobedo, que se había curtido como secretario de Hacienda hasta entonces, parecía ser la persona indicada. Pero el hermano de Felipe II debía de ser un tipo que ganaba en la distancia corta y se ganó su lealtad, a resultas de lo cual Escobedo dejó de informar a Antonio Pérez de qué hacía o dejaba de hacer el de Austria. Bien. ¿Y por eso le mataron? Calma, que ahora vamos con eso.

A Juan de Escobedo se lo quitó de en medio Antonio Pérez porque aquél le fue pidiendo perras a cambio de mantener la boca cerrada. ¿Qué sabía Juan de Escobedo que tanto temía Antonio Pérez? Que éste aceptaba sobornos y dádivas de todo tipo en su puesto —no nos extrañemos de todo lo que pasa ahora. Lo llevamos en la sangre—, y también que conocía al dedillo su relación con Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli y viuda de Rui Gómez, amigo y consejero del rey. Y, claro, se montó la de Dios.

Antonio Pérez le fue a Felipe II con el cuento de que Don Juan de Austria estaba planeando derrocarlo y el plan lo estaban urdiendo éste y su secretario, Juan de Escobedo. La cosa, según Pérez, era seria, muy seria: Juan de Austria incluso ya habría hablado con el papa Gregorio XIII y también con el líder de los católicos franceses, el duque de Guisa, “que querían venir a ganar a España y echar a su majestad”. Tela. Y Felipe II, desconfiado por naturaleza y que temía a su hermanastro, dio carta libre a Antonio Pérez para que Juan de Escobedo pasara a ser historia.

Así que por eso a Juan de Escobedo lo despacharon de un espadazo tal que hoy hace 439 años en una calle de Madrid. Años después, a Antonio Pérez se le desarmó el chiringuito cuando se demostró que todo lo que montó era más falso que un billete de tres euros. ¿Qué hizo entonces? Se largó de España para no acabar entre rejas y aliarse con los ingleses para acabar con Felipe II a cambio de protección. Una alhaja, el tipo.

Así se contó la historia… O no. Amigos como el historiador José Rebullida Porto, de lo que más saben de Felipe II en este país, opina que todo esto, naranjas de la China. «Son todo teorías conspiratorias no con firmadas con documentación y potenciadas por los enemigos de Felipe II, a través de Guillermo de Orange o Luis Tourquet, que incluso escribieron que Felipe II había matado a sus hijo y heredero Carlos. Cuidado con los ingleses que adulamos en las biografías que escriben del rey prudente. De una manera y otra realzan lo que les interesa y no hacen notoriedad de otros hecho a relevantes. Siempre en honor a su patria». Y también deja un apunte sobre Antonio Pérez: «Antonio Pérez, juzgado y condenado por la Inquisición, después casi provocó una guerra civil al refugiarse en Aragón y terminó sus días protegido en Inglaterra y pretendiendo ayudar al enemigo. ¿Que sabía Antoñito?». La historia, siempre tan apasionante.

Sed buenos y felices si podéis… U os dejan ?

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