Hoy, en ‘Citius, altius, fortius’… Drake llega a la Coruña

Siempre ha habido mujeres que le han echado los arrestos suficientes a todo lo que se les puso por delante. Mujeres con el valor suficiente como para detener a ejércitos enteros, que no fueron capaces de doblegarlas sino con la muerte. Una de esas mujeres se ganó la inmortalidad en algo que comenzó tal que hoy hace 428 años. Su nombre: María Pita.

 
Situemos el asunto: ciudad de La Coruña. Francisco Draque -Francis Drake para los hijos de la Gran Bretaña-, pirata por la gracia de la Reina Isabel I de Inglaterra -y Sir, o sea, Caballero. Que no se nos olvide el detalle-, llegó a dicha ciudad con una armada de escándalo: cerca de 120 barcos y algo así como 24.000 hombres en total. Una armada compuesta por soldados, mercenarios y marineros. Lo mejor de cada casa, vamos. Credenciales suficientes como para poner los pelos como escarpias y algo mas -situado entre las piernas masculinas- a cualquiera. ¿La razón? El apoyo de la ciudad a la famosa Armada Invencible enviada por Felipe II un año antes a ajustar las cuentas de una santa vez a los hijos de la Gran Bretaña. Aquello acabó como acabó y lo que ahora nos ocupa tenía pinta de no acabar mejor para la ciudad de La Coruña.
 
la batalla de coruñaY eso fue lo que ocurrió tal que hoy hace 428 años. Bien, ¿y María Pita? ¿Qué pinta, que no pita, en todo esto? Lo voy a resumir porque ya estamos metidos en harina, pero lo que viene a continuación sucedió en días posteriores al que nos ocupa.
El propósito de tan temido corsario llamado Francis Drake no era otro que hundir los buques de lograron sobrevivir al desastre de la Armada y que se refugiaron en el puerto de la ciudad, y así evitar que los españoles volviésemos a las andadas. No contento con la hazaña, mandó a 10.000 de los suyos -lo mejor de cada casa, repito- con el fin de entrar en la ciudad. Los barcos que defendían la ciudad hicieron lo que pudieron, pero no evitaron que semejante ralea lograra su propósito. El Barrio de la Pescadería cedió, y en apenas dos días los ingleses volaron parte del muro de La Coruña ante la negativa -otra cosa no, pero tozudos, un rato- de sus habitantes a rendirse. Esto ya fue el 12 de abril, ojo. Y la cosa pintaba mal no, lo siguiente: muro roto, 10.000 tipos con ganas de jarana en el cuerpo. De risa, tía Felisa.
 
Y en éstas, con los ingleses arreando canela fina por donde pasaban y los coruñeses aguantando como podían y como no, también, apareció ella, María Pita, para gritar aquello que escribiría Galdós unos cuantos siglos después: que mientras hubiera una lengua viva, todavía se podría decir que La Coruña no se rinde, más o menos. Y así fue. A María Pita los ingleses la dejaron viuda -su marido fue uno de los defensores del muro-, pero no sin valentía. Se llevó por delante a un alférez, tan guapo y gallardo él, que no hacía más que ondear la bandera británica al viento para hacer ver que la plaza ya estaba conquistada, le quitó la bandera y animó a los suyos a seguir hasta el final; hasta que no quedara lengua viva y tal.
 
El día 18, Francisco Draque volvió por donde vino y sin dos barcos menos. Desde lo que quedaba de muro, dicen que María Pita lo puso de vuelta y media. Que lo esperaba si quería volver y esas cosas. Como para hacerlo.

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