Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Una eminencia. De lo mejorcito que ha parido esta tierra fue el protagonista de hoy. Andaluz, para más señas.

Se educó con libertad y conociendo su fe y la de otros, lo que hizo de él un tipo ecuánime y recto. Pero la intolerancia le obligó a salir por patas con tal de salvar el cuello, que corría serio peligro. Eso supuso un penar por diversas tierras hasta asentarse en un destino donde su fama alcanzó gran dimensión. Y allí se dedicó al estudio y también a ejercer un magisterio que lo encumbró a niveles sólo reservados para los más grandes, a quienes la eternidad reserva una parcela bien ganada. Aunque de no ser por quien le apreciaba por encima de todas las cosas, hubiera tardado más pronto que tarde en marcharse de este valle de lágrimas. Es lo que tiene la intolerancia; tanto la de los propios como la de los ajenos. Que siempre es igual sea cual sea el credo que profese.

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