Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Era de Soria. Una tierra fría, yerma. Quizá por eso nunca tuvo miedo de la sombra, cuya compañía tantas veces visitó; o por su alma caliente y combativa, cuya voz nunca calló.

Sean las razones que sean, el protagonista de hoy jamás ocultó su inconformismo, sus ganas de cambiar las cosas, su rebeldía. Idealista como pocos, creía en el colectivo, en sus derechos y libertades, y por ellos lucho. ¿Qué tenía que perder? La libertad. ¿Y ganar? Un sentimiento, el despertar de una conciencia, una agitación destinada a cambiar el orden imperante. No fue hasta recuperar la libertad personal y la general cuando nuestro protagonista se propuso luchar de verdad por los suyos, sus iguales; lo que hizo hasta que se marchó de este valle de lágrimas con la conciencia de haber luchado. Y de verdad. Como anécdota, renunció a parabienes y prebendas con tal de seguir adelante con sus ideas. Algo impensable en estos tiempos que corren.

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