Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Un sol que mata y un virus que destruye. Ingredientes letales.

Lo supo el protagonista de hoy, que soñó con lugares donde sólo las almas podían morar, vio cielos surcados por la negrura y oyó cantos de muerte; cantos que resonaban en escenarios asfixiantes. Ella, la muerte, le acompañó como siniestra mochila a lo largo de su vida, esperando el momento para invitarle a seguirla por el camino del que nunca se regresa. El que emprendió ni pronto ni tarde, sino cuando ella quiso, que para eso es la que manda, la que tiene el poder sobre todo y todos. Y es que del protagonista de hoy se podrían rellenar muchas, muchísimas líneas. Para hablar de una vida infeliz, trágica y nada satisfactoria, pero también para alabar su arte, que se seguirá recordando por los siglos de los siglos y que sirve de inspiración a quienes ven en la unión de cuatro letras el ejercicio más placentero del mundo.

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