Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Listo el tipo de hoy. Con frecuencia sus ojos se pierden en el infinito azul igual que lo hacen por una oscura arteria de ese corazón que tanto aprecia.

Es lo que tiene el mar, haber nacido a sus orillas; prepara la configuración de la personalidad. En su caso, lo que vino después no fue agradable. Para nada. Sus recuerdos se tiñen de sangre. Sangre que salpica tanto dunas de arena como la nieve de plácidas montañas convertidas en el perímetro del horror. El horror. Su estigma como perpetua mochila que le acompaña en su devenir por la vida y que le recuerda lo que lo que fuimos, somos y seremos. Por eso se entiende que se refugie en una soledad que despide calidez, es sabia y nunca traiciona. Siglos y siglos de calidez para dotar al protagonista de hoy de la savia con la que alimentar una pasión que ya le ha hecho inmortal. Quizás nunca soñó con serlo. La recompensa de la vida. Por todo lo visto y vivido.

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