Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Se le recuerda por muchas cosas, y todas ligadas a lo que le dio fama. Que es mucha y universal. Yo, por una película.

Segunda Guerra Mundial, nazis a destajo y una curiosa y estrambótica proposición en la que el tipo cumpliría un papel destacado. De largo, el mejor film que pueda existir sobre la ocupación que abrió las puertas de la eternidad al tipo en cuestión. Que, como de costumbre, no lo tuvo fácil. Limpiaba botas, como el padre, cuyo sueño quedó en eso, en un sueño. El hijo lo cumplió, y con creces. Dinero, fama, reconocimiento… Todo lo que se puede desear en esta vida lo adquirió paso a paso. Incluso más allá de su ocupación también tuvo éxito. Instinto, que se le llama. U olfato, depende de cómo lo quiera ver cada uno. En definitiva, rey de reyes hasta que salga alguien y consiga igualarle. Que superarle va a ser otra historia. De lo que estoy plenamente convencido.

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