Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

De lo mejor en lo suyo. Es más, con los números en la mano, se puede decir que es el mejor. Nadie tiene tantas obras entre las más aceptadas de la historia. Seguramente, si piensa en ese detalle, se partirá la caja cuando más de uno y de dos le dijeron que no servía, que no tenía perfil. Las migajas no le llenaban, así que cambió unas por otras -las del arte por las de la madera- y así estuvo una temporada. Una amistad lo cambió todo. De nuevo, migajas. Sólo que, esta vez, las migajas convencieron a un iluminado que buscaba dar rienda suelta a su imaginación. El pistoletazo de salida hacia lo más alto. No sólo el iluminado volvió a confiar en su maestría, sino que también lo hizo el rey de reyes de su profesión. Y le comenzaron a caer reconocimientos, obras que le han abierto las puertas de la eternidad. Porque ya es inmortal. Su trabajo le costó, pero nadie puede discutir su valía.

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