Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Fue uno más. Uno más de ellos. Así se le considera al tipo de hoy. Puede que ellos hubieran salido adelante sin él, con cualquier otro, pero él estuvo allí, vio lo que hacían, lo que eran capaces de conseguir. Y lo consiguieron. Tenía olfato. Posiblemente porque empezó a trabajar a temprana edad en el negocio de su padre. Allí, a fuerza de tratar a los clientes -entre otros, alguno de ellos-, supo lo que se traía entre manos. Iba para actor, pero abandonó ese camino por otra pasión que le llevó a descubrir lo más grande que ha parido algo que mueve a miles de millones de personas. Lo empujó hasta las puertas de la eternidad, las que ellos ya, por su cuenta y riesgo, se encargaron de traspasar sin titubeos. Habían nacido para eso y él, quizás, puesto ahí por el destino, les dio la llave para que pudieran abrirlas. Lástima que no vivió para ver en qué se convirtió su gran obra. Mejor así, porque así se evitó ver lo que nunca hubiera querido ver.

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