Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Su voz, su estampa, su sentido del humor… Rasgos que identifican a una persona que hizo reír, y mucho, a millones de españoles. Estudió comercio, pero las tablas le sedujeron más que los números y a ellas consagró sus primeros años de carrera hasta formar su propia compañía. En esos años, incluso, coqueteó con el cine. Pocos, porque sobran dedos de una mano para referirse a ellos. Eran los comienzos, un género al que, años después, regaló las mejores actuaciones de su carrera. Y es que se le recuerda por varios de esos momentos, porque nadie ha hecho de una pérdida dramática algo tan recordado y parodiado a la vez, ni mucho menos se ha conseguido igualar su monólogo ante una concurrencia que todavía, pasen los años que pasen, repite sus palabras tan eternas como válidas. Tuvo quien continuara con su legado, y a fe que, en algún caso, el legado se mantiene. Tanto como su recuerdo.

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