Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Dar nombre a una tecnología no tiene precio. Más cuando el protagonista de hoy vivió en un tiempo que no la conoció. Vivió en una época de atraso, violencia y escaso interés por la cultura, y mucho menos por la tecnología -milagros, a Lourdes-. Y eso que el tipo tuvo poder. Tanto, que se le conoció incluso más allá de su terruño, que era grande de por sí. Eso sí, su aspecto cantaba por soleares, nada parecido al de todos los que lo rodeaban. Y más si habría la boca. Una cualidad que lo diferenciaba todavía más de los suyos. Además de su fuerza y longevidad al frente de aquéllos, a nuestro protagonista de hoy también se le conoce por su defensa de unas ideas que conoció, casi, de milagro. Porque un milagro hizo que se diera cuenta del valor de esas ideas, de su poder, lo que le llevó a propagarlas a todos aquellos que todavía no las conocían. Así, uno de sus mayores legados fue inculcar a los suyos esas ideas que le vinieron en forma, pues eso, de milagro.

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