Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

He de decir que al protagonista de hoy le cogí mucho aprecio hace unos meses. Rara era la noche que no frecuentaba su compañía. Digamos que me ayudó bastante en completar lo que tenía entre manos. ¿Que quién era ese tipo? Una FIGURA así, con mayúsculas. Arte puro, arte que supo transmitir como pocos hasta el punto de convertirse en mito. Los más grandes se lo rifaron para ofrecerle lo mejor de sus almas, y él supo convertir en magia esas dádivas a su disposición. Lástima que le tocó vivir en la peor época de este país y que la sinrazón la tomó con él. Las puertas de su tierra se le cerraron a la vez que se le abrieron las del mundo, que le acogió como lo que fue y es, santo y seña del arte patrio, artista sin parangón y, por encima de todo, persona. Eso que la sinrazón se empeñó en ultrajar y destruir a conciencia. Puede que acabara con el hombre, pero nunca con el mito. Ése es eterno.

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