Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Vino a Madrid con una mano delante y otra detrás huyendo de la miseria y con un sueño en la cabeza: ser artista. Y hay que decir que lo de huir de casa lo intentó en varias ocasiones sin éxito: hacía falta, y mucha. Pero cuando decidió liarse la manta a la cabeza ya no hubo quien lo parara. La suerte quiso que se encapricharan de él, pero no tardó en querer volar solo. Y para eso trabajó en lo que pudo. El sueño. Los que le conocían y ya sabían de él no dudaban que lo conseguiría. Le faltaba una pizca de suerte, que le llegó en forma de concurso de radio. Las clases gratuitas, la generosidad recibida, la fe ciega en sus posibilidades… Todo eclosionó en ese programa de radio que le abrió las puertas de la fama, primero, para recorrer después el camino de la inmortalidad. Porque el protagonista de hoy es un referente para varias generaciones de este país. Dio todo lo que llevaba dentro y lo acabó pagando. Pero para entonces ya se había ganado ser inmortal.

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