Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Fue un monarca que fracasó, y además estrepitosamente, en su intenso de ser emperador. Lo tenía todo, incluso hasta hizo todo lo posible por conquistar lo que más ansiaba, pero se le resistió. Él mismo y sus circunstancias, que fuera de su área de confort no tenían razón de ser. Y es una pena, porque el protagonista de hoy valía su peso en oro. ¿Qué decir de él? Que hizo mucho, y bien, por millones de personas, aunque otros no dudaron en revelar su verdadera cara, la que no se conocía. Una cara agria, altanera. Incluso hasta lo llegaron a catalogar de siniestro. Eso, los que se cruzaron en su camino y salieron mal parados. Quizás porque el tipo sabía lo que era subir peldaño a peldaño por la escalera que conduce a la inmortalidad saliendo de lo más bajo que se puede salir, o porque conoció demasiadas traiciones a su alrededor. Sea lo que fuere, su otra cara, la que conocen millones de personas, sigue despertando carcajada tras carcajada. Mejor quedarse con ésa.

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