Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Murió sin saber que la copla alcanzaría niveles nunca imaginados por nadie. Él, uno de los copleros más universales de este país. Rancio fue su origen y rancias también fueron sus aficiones, las propias de una educación familiar acorde con el momento. Hasta que le entró el gusanillo de escribir. Y a ello se dedicó sin dejar de lado su origen y destino, unido al de aquellos que estaban llamados a parir uno de los mayores imperios de la Historia. La pena es que el destino le tenía preparada la puerta de salida de esta vida antes de tiempo. Fue allí, al pie de un sendero por el que miles de personas escapan de su cárcel diaria en busca de libertad, donde La parca le estaba esperando para llevárselo consigo. Antes de hacerlo aún pudo saborear las mieles del reconocimiento, nada parecido al que goza ahora, que es inmenso. Tanto, que se ha ganado la potestad de hablarle a la inmortalidad de tú a tú, que no es poco.

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