Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Para empezar, el tipo se hizo famoso en una ciudad que no era la suya. Llegó allí porque los padres venían huyendo de la bestia de todas las bestias. Estudió, y por ello se le conoció en todo el país -Francia- y también en todo el mundo. Fueron aquellos días de agitación, de ponérselos de corbata a quien ni siquiera la bestia de todas las bestias arredró. Al protagonista de hoy, en cambio, le bastaron la palabra y el ardor necesarios para incendiar lo que hasta entonces era un remanso de cierta paz y tranquilidad. Y lo que fue luz, amor y violines a la luz de velas sobre aguas tranquilas se convirtió en un clamor que pedía lo imposible. Así que, normal que al tipo lo cogieran y pusieran de patitas en la calle en el país que rezaba en su pasaporte. Allí prosiguió con lo sembrado. Pasados los años ahí sigue, tratando de convencernos de que pedir lo imposible no cuesta tanto. Otra cosa es conseguirlo. Por pedir, que no quede.

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