Hoy, en una vida en diez líneas de Word…

Vivió mucho dentro de lo poco que vivió. Porque ya está muerto el personaje de hoy. Y desde hace tiempo. Escribió, y bien. Muy bien, qué diantres.

Su voz sigue, no se ha disipado con el tiempo. Tanto como los paisajes a los que cantó, los lugares donde las tinieblas pintaron los lienzos tétricos que su pluma puso en negro sobre blanco. En eso el arte le dio las alegrías, ya tardías, que no le concedió la salud, que le hizo pasar alguna que otra vez las de Caín. Se casó y no fue feliz, anduvo de una ciudad a otra buscando una estabilidad que no acaba de encontrar, y en sus últimos meses de vida presintió que la Parca ya le había citado, y sin retraso. Que vino a por él aún siendo joven, extremadamente joven. Una muerte que ni el sol quiso ver, por eso se ocultó todo lo que pudo en un cielo limpio, sin nubes. Queda su obra, eterna, campos donde las ánimas vagan sin fin, y sombras negras que surcan los cielos en busca de unos ojos que las contemplen.

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