Hoy, en ‘Una vida en diez líneas de Word’…

Una mujer le dio fama al tipo protagonista de hoy. Una mujer temperamental, de fuerte carácter; una mujer de armas tomar, pero también dulce, frágil, etérea.

Si viera lo que es ahora gracias a ella se echaría a reír porque en vida pasó las de Caín. También él puso de su parte. Pretendía la perfección, y eso le trajo por la calle de la amargura tanto o más que el ninguneo que sufrió una y otra vez. Que te aprecien pocos es fácil, que lo hagan muchos ya es más complicado. Y eso que partía con ventaja; por formación sobresalió por encima de los demás e incluso le llovieron los elogios. De nada sirve todo eso si el mayor juez de todo artista le niega el reconocimiento, el aplauso merecido. A él se los negó varias veces. Hasta que se echó en brazos de una mujer que, en secreto, le prometió la eternidad. Se la prometió a pesar de las injurias y de las maledicencias. Una pena porque el tipo murió sin saber cómo acababa el amor que surgió entre los dos. Y sin conocer la gloria que ahora baña su nombre.

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