Hoy, en una vida en diez líneas de Word…

¡Caray con el cine! Porque el personaje de hoy nos lo vendieron como lo que no es. A saber: un desarrapado, un idealista; por no decir un muerto de hambre, sin más. Y no lo fue.

Para empezar, era caballero, hijo de un rico terrateniente que tenía tierras y perras. Eso sí, idealista lo era, y un rato. Tanto, que murió por culpa de sus ideales. Libertad, igualdad, esas cosas. Plantó cara a reyes, a caballeros, y a todo aquel que se le puso por delante en su intento de hacer realidad su sueño. Vivió batallas, sembró el terror donde pudo y aguantó carros y carretas de los suyos, que no acababan de verlo con muy buenos ojos, especialmente algunos; más interesados en defender lo que ya tenían que en conseguir más sin que nadie se lo asegurara. Por conocer, hasta conoció al Papa de su momento, se juntó con enemigos de sus enemigos para ver si conseguía sacar algo de tajada, y fue traicionado. Eso sí, en lo que no miente el cine es en la muerte: fue horrible de narices.

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