La historia de Ana y Martín: llegan las dudas

Esas cosas que ocurren cuando avanzas a la hora de contar una historia. Inicio del tercer capítulo y, en esta ocasión, me topo con el pasado. Ana arrastra una historia que merece la pena ser contada. Ahí la tengo, ante la mesa de un pequeño restaurante y con Martín como compañero de comida. Comida que provocó él. Daba una vuelta por la ciudad y se topó con ella a sabiendas; esperando conocerla en su entorno natural, donde mejor se desenvuelve. Lo de la historia que arrastra Ana, y que ella le dejó caer en el capítulo anterior, le atrae. Casi podría decir que le empieza a obsesionar. De ahí la necesidad de conocerla, de ir hasta el final de su mano.

¿Cómo y de qué manera contar ese pasado? ¿En primera persona? ¿Que sea la propia Ana la que cuente ese pasado tal y como ocurrió, con sus luces y sombras? No sólo es la historia en sí, sino también todos los personajes que aparecen en ella, seres a los que amó, a los que odió, a los que unió su suerte y desgracia.

En ello me ando, dándole vueltas al asunto.

A vosotros, ¿qué os parece?

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