La liberación de Dachau

Tal que un día como el de hoy de 1945, el mundo corroboró cómo nació el horror. El horror de verdad, el chungo; nada de un desfile de moda con las creaciones de vanguardia para la próxima primavera. O adefesios nivel premium, que hay cada cosa por ahí, y cada modisto/a con tijeras en las manos capaces de perpetrar las mayores ignominias habidas y por haber. No, nada de eso. Hablo del horror de los horrores, nivel hors de categorie. Sólo digo cuatro palabras y vosotros ya os vais haciendo una idea: nazis, y campos de concentración. ¿Preparados? ¡Pues ale, que nos vamos de viaje!

Tal que un día como el de hoy de 1945, repito, tropas americanas se toparon con una fábrica de municiones de la Primera Guerra Mundial al noroeste de Munich. Dachau. ¿A que el nombre ya os suena? Más o menos, ¿no?

 

Dachau fue el primer campo de concentración abierto por los nazis allá en 1933, sólo cinco semanas después de que Adolfo se convirtiera en Canciller de Alemania. La pregunta es de cajón: ¿en cinco semanas da tiempo para pensar dónde meter a todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con lo que venía, o ya lo traía aprendido de casa? Ea. Dachau, decía, con esa ya famosa —y cínica— frase coronando su entrada de “el trabajo os hará libre”, donde cayeron cerca de 200.000 personas, y cerca de 30.000 nunca más saldrían de sus cuatro paredes —algunas de ellas sí, pero para ser enviadas a otros campos donde les dieron el matarile definitivo—, fue concebido como prototipo de los campos de concentración nazis y centro de formación para los miembros de las SS seleccionados para controlar el resto de campos de exterminio. Lo más selecto, lo mejor de cada casa, pasó por Dachau.

Un total de treinta y dos barracones lo conformaban, uno de ellos especialmente diseñado para acoger y desarrollar los experimentos médicos más aberrantes que uno pueda concebir, y donde cientos de prisioneros tuvieron la desgracia de servir de conejillos indias para aquellos experimentos; y a los que hay que añadir dos crematorios y una cámara de gas —nunca utilizada, eso sí— a partir de 1941.

Pocos días antes de su inauguración, el jefe de policía de Munich se animó a soltar la siguiente lindeza: “En Dachau se internará a todos los comunistas, y de ser necesario, a los socialdemócratas que representan un peligro para el Estado”. Sí, primero comunistas y socialdemócratas, y poco después presos políticos e incluso miembros de las tropas de asalto —las famosas SA— tras la noche de los cuchillos largos de 1934; para acabar acogiendo entre su paredes a gitanos, homosexuales, testigos de Jehová o sacerdotes católicos contrarios al nacionalsocialismo, muchos de ellos polacos.

Corroboró cómo nació el horror, decía al principio; que los rusos conocieron en toda su extensión cuando liberaron Auswichtz unos meses antes. Y eso sí que fue chungo chungo de verdad.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies