La media sonrisa del borracho

Por qué. Se lo preguntó por segunda vez cuando se detuvo, exhausta, tras la esquina que acababa de doblar. Le temblaban las piernas y su corazón latía tan desbocado como su respiración. No le tenía que haber dicho que no al tipo que quiso invitarle a una copa. Y ahora lo estaba pagando. Un borracho más. Uno de tantos que hacen de la noche y de la embriaguez su refugio habitual. Sólo una copa, le pidió. Para disfrutar más tiempo esos preciosos ojos negros. Le rechazó, sin más. Por pesado y borracho. Harta de su impertinencia se marchó de local. Un centenar de metros después percibió unos pasos a su espalda. Era él. Aceleró el suyo y él, también. Cuando le oyó gritar que se detuviera, comenzó a correr. Y él, también. Cien, doscientos metros, no podía saberlo. Bastante tenía con escapar de aquel tipo.

Entonces maldijo su mala suerte. Es lo que tiene ser muy guapa, le advertían siempre sus amigas. Que atraes a los moscones. De todo tipo. Unos apuestos y otros… La belleza se extravía en ocasiones, pero con algunos era casi imposible encontrarla por mucho que la buscara. Apoyada en la pared ahora parecía más aliviada. Bajo una cercana farola, una pareja se comía a besos. Eso le hizo sonreír. También que el tipo parecía haber dejado de seguirla. Suspiró y se palpó el corazón, que latía más tranquilo. Se alegró de que así fuera. Miró con cautela al otro lado de la calle y gritó horrorizada.

―¿Por qué corres tanto?

Allí estaba otra vez, a un metro de ella. La pareja que se besaba dejó de hacerlo, atónita, por culpa del grito. Los dos, helados, veían cómo una chica huía a la carrera de un hombre que estaba borracho, muy borracho, pero que aun así corría con la destreza propia de una persona sobria. Un brillo asomó en una de sus manos. Un objeto metálico o algo parecido. Quizás un cuchillo. No pudieron ver más. El chico se levantó para ayudar a la chica pero su pareja le pidió que no fuera. Demasiado peligroso, le aconsejó con una pícara sonrisa. A saber qué se traen esos dos entre manos, terminó por decir para convencerle. Una decena de metros más adelante, la chica gritaba y corría pidiendo auxilio. Sin darse cuenta de que cuanto más corría más se alejaba de la luz y de la zona urbanizada. Lo que antes eran casas ahora se había transformado en un parque. Giró la cabeza y se aterrorizó al comprobar que el tipo del pub le estaba alcanzando. Gritó y volvió a gritar. Él, lo mismo. Ya podía sentir su aliento encima. Un aliento que apestaba a whisky. Sólo árboles a su alrededor y alguna que otra farola cuya luz estaba fundida. Como sus ideas. Estaba perdida. Llegaría el momento en que tendría que parar. Sus piernas estaban a punto de decir basta. ¿Qué haría con ella?, caviló ya entre lágrimas. El parque estaba lo suficientemente alejado y oscuro de las últimas calles como para perpetrar cualquier cosa. Lo que quisiera. Por negarse a tomar una copa con él. Y volvió a gritar al notar que el tipo ya le estaba agarrando de un brazo. Quiso asirse, pero no pudo. Ya era suya. Los dos cayeron al suelo, donde ella quedó dolorida. Entonces vio los ojos del tipo, brillantes, fieros. Y la media sonrisa que dibujó su boca, que en nada se desharía en su cuerpo, recorriéndolo centímetro a centímetro. Después… De qué servía gritar ya. Era suya. Quizás una petición clemente le ablandaría. Tenía que intentarlo. Al menos.

―Por favor, no me hagas nada ―imploró ella, llorosa―. Te daré todo lo que me pidas, pero no me hagas nada, por favor…

El tipo suspiró. Sin hablar, arrojó junto a su cuerpo una cartera negra rematada con bordes metálicos. Su cartera. La chica la recogió y lo miró sorprendida, muy sorprendida.

―Te la dejaste en la barra. Como saliste a la carrera pasando de mí la olvidaste. Quería devolvértela, pero a saber qué movida te has montado en la cabeza… ―se sinceró el tipo con ella. Todavía le costaba respirar―. Joder cómo sois las tías. En cuanto veis a alguien que os sigue y os da una voz, ¡ale, a correr!

Le ayudó a levantarse y desanduvieron el camino con tranquilidad entre palabras de perdón, confusión y bochorno. Que ella volvería a repetir con una copa de por medio en el primer bar que vieron abierto.

Feliz miércoles para todos.

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