La ventana del día

4María, Mayte, Carmen o Susana se ha levantado con ganas de comerse el mundo. Muchas.

¿Por qué?

Lo primero que hizo fue buscar la canción en el reproductor musical de su móvil y conectar el pequeño altavoz. Con los primeros compases flotando en la habitación, abrió la ventana y dedicó al amanecer una sonrisa de esas que derriten a los que se la acercan buscando una excusa para charlar; preparó la cafetera y abrió el grifo de la ducha, yendo de un lado a otro cantando cualquier estrofa de la canción que buscó; y se puso los pantalones vaqueros de un salto para, a continuación, escoger unas zapatillas deportivas recién compradas.

¿Por qué?

De fondo, siempre, la canción. «I’m a shooting star leaping through the sky lke a tiger defying the laws of gravity..», canta fuera de sí, ya con las zapatillas puestas. Hace un par de días leyó en un periódico que la que canta es la canción más feliz de la historia. Lo afirmaba un neurocirujano cognitivo. Esas cosas raras de la vida, pues a María, Mayte, Carmen o Susana no le hace falta estudio alguno para saber que la canción, esa canción, le da la vida. Por eso la canta.

¿Por qué?

La canta: «Don’t stop me now I’m having such a good time. I’m having a ball. Don’t stop me now…». La cafetera le avisa: el café ya está listo. Y hacia la cocina va, cantando la canción, moviéndose sin parar. María, Mayte, Carmen o Susana siempre está contenta, siempre canta, pero hoy con más razón.

¿Por qué?

Es viernes.

¿Hace falta decir más? Ahí os dejo la canción. ¡Ah! Y sed buenos y felices si podéis, como ella… U os dejan ?

 

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