La ventana del día

Cosas-que-la-gente-que-ama-pasar-tiempo-a-solas-entenderá-16Acaba de escuchar en la radio que hoy puede que llueva. El este ya está cubierto de nubes oscuras, nada halagüeñas, que no tardarán en cubrir la ciudad; nubes que espesarán su melancolía, que hoy subió bastantes grados en su escala vital. Se acaricia la punta de los cabellos —rizados, de puro oro— sentada en la cama, con la rodilla izquierda flexionada y la barbilla apoyada en ella. Lanza otra mirada a la ventana, que abrió hace un suspiro. Es su último día de vacaciones. ¿Por qué ha madrugado cuando lo que el cuerpo le pedía era dormir hasta que las sábanas la expulsaran de la cama ya por hartazgo? Porque el cuerpo también le pide otra cosa, pero no se lo puede dar. No es café ni tampoco música, que es lo que ahora emite la emisora que escucha de fondo. Las primeras notas de la canción atraparon su atención. Esas cuerdas rasgadas, el posterior acompañamiento del resto de instrumentos, la voz —ronca, inconfundible— de su cantante; la tristeza de la que habla. Esa tristeza que la embarga, que se instaló en su estado de ánimo desde que se despertó. Será porque es el último día de vacaciones. Hasta que suena el teléfono móvil. Lo tiene en la mesilla, junto a la lámpara y ese libro que se prometió empezar cuando llegaran las vacaciones y que ahí sigue, huérfano de unos ojos que lo quieran. Lo coge. En la pantalla, un nombre, un emoticono y una frase. Sonríe. Primero de forma tímida para, después, hacerlo de manera abierta, con ganas. Las que recupera su ánimo, su espíritu.

Deja el móvil encima de la cama, donde sigue con la rodilla flexionada y la barbilla apoyada en ella. Vuelve a posar la mirada en la ventana. Sigue sonriendo. ¿Qué le provocó la sonrisa? ¿El contenido del mensaje? ¿Acaso la canción, ahora que el cantante le insinúa que puede estar enamorada de su tristeza? Creyó ver un rayo desgarrando el cielo por el este. Brillan sus ojos. La tristeza ha bajado bastantes grados en su escala vital. Está pensando en prepararse un café de verdad y no el sobrante insípido del día anterior que se tomó; en pegarse una ducha y salir a la calle a pasear sin rumbo, a disfrutar de la mañana paraguas en mano. Porque lloverá. Ya lo advirtió la locutora de la radio. Lo mismo le da. Se acabó la tristeza. Está feliz. Bastó un mensaje para alterar su estado de ánimo. ¿Qué decía el mensaje? Eso se lo guarda para ella, que siempre fue muy celosa de su intimidad.

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