La ventana del día

Blanca abrió la ventana como cada mañana, preparó el café y las tostadas como cada mañana y se dio una ducha como cada mañana; llenó la taza con el café recién hecho y derramó las dos cucharadas habituales de aceite sobre la tostada como cada mañana; y tomó la taza de café y la tostada para desayunar en el salón de casa, como cada mañana. Por la ventaba abierta le llegan los sonidos de cada mañana: conversaciones de vecinos que se encuentran en la calle, algún coche que hace sonar su claxon, el ladrido perdido de un perro… Como cada mañana.
¿Qué diferencia esta mañana de cualquier otra? Los ojos de Blanca brillan. Esa nueva persona que ha entrado en su vida. Esa sensación de millones de mariposas rozando las paredes de su estómago con sus alas. Un compañero de oficina. Una conversación fortuita, un café rápido en la máquina. Ahora le gustaría que el café fuera más largo al acabar la jornada, también una cena tranquila en un restaurante y, si se puede, una cama en la que ahogar soledades y quemarse con el fuego de unos brazos rodeando su cuerpo.
 
En la radio canta Edith Piaf. Himno al amor, nada menos. «Mientras el amor inunde mis mañanas / mientras mi cuerpo se estremezca bajo tus manos / Poco importan los problemas / Mi amor, pues tú me amas». Eso canta Edith Piaf. Y aunque su francés no es muy allá —lo poco que aprendió en una academia durante dos años—, sí le da para entender unas cuantas palabras, las suficientes para sentirse en la piel de la protagonista de la canción, que nunca de la cantante —también sabe cómo acabó Edith Piaff, cómo fue su vida, los desamores que experimentó—.
 
No es una mañana como otra cualquiera para Blanca.
Apura la taza de café tras dar cuenta del último trozo de tostada y se levanta camino de la cocina. En su fregadero dejará la taza para marcharse a trabajar. «Mi amor cree en los que se aman / Dios reúne a los que se aman», termina de cantar Edith Piaf. Blanca cierra la ventana y apaga la radio.
 
No es una mañana como otra cualquiera para ella. Ni tampoco lo será le día. Esas mariposas que revolotean en su estómago.

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